Go Fish

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jueves, 27 de agosto de 2015

La pesca del robalo



Por: Rolando Córdoba

 Si de una especie se ha escrito demasiado y aún falta mucho por escribir, es sobre el robalo. No existe la literatura suficiente que nos asegure un método de capturas consecutivas, precisamente porque en cada escenario, a cada hora, con cada  marea, y dependiendo de otros muchos factores, el robalo se comporta diferente.

Conocer los hábitos de la especie, más la información confiable de cómo se comporta en cada área, unido a un buen ciclo de pruebas y errores, podría arrojar un patrón de comportamiento que nos acercaría -si lo aprovechamos-  a una secuencia habitual de capturas,  porque lo demás, no se dejen engañar, tendría  que ver mucho con la suerte.

Su morfología

Sus especies son varias y muchas de ellas se pueden encontrar en nuestras rías, estuarios y costas, tanto en los esteros y playas del oriente como del poniente de México. Sus diferencias van, desde la disposición de las aletas, el color y su relación de largo por ancho entre otros aspectos, siendo el robalo más conocido, el llamado “róbalo común” o “Common Snook”, denominado científicamente como: Centropomus undecimalis.

El robalo es un pez muy hermoso, elegante y vistoso. Su forma alargada y con escamas de un plateado intenso, contrastan con su línea sensorial muy visible en sus laterales y de color negro, y que lo distingue incluso, en aguas turbias. Esta línea lateral que los peces usan para determinar cualquier movimiento o vibración a su alrededor, tanto para cambiar de dirección cuando se encuentran dentro de un cardumen o detectar una presa, se distingue en el robalo por ser sumamente sensible y efectiva, ayudándolo sobre todo cuando caza de noche, con poca o ninguna luz.

Su mandíbula inferior es más alargada que la superior y ambas carecen de dientes. El color del robalo que merodea con frecuencia en las playas suele ser más plateado que el que comparte aguas interiores en los manglares y estuarios, buscando mimetizarse con el fondo para pasar desapercibido.

El sonido que produce cuando come en la superficie es muy característico, como una succión en seco… de golpe, que siempre alerta los sentidos del pescador sobre todo, cuando ocurre en el amanecer de una playa desierta y tranquila, o en los cuerpos de aguas silenciosos y aislados, en el interior de los humedales.

Su visión aunque no es excepcional, es muy buena. Algunos estudios señalan que sus ojos son muy sensibles a la luz, por lo que prefiere permanecer cuando es posible, alejado de zonas con fuerte resplandor. Aunque hay muchas versiones, se dice por lo general que solo distinguen algunos “tonos”, con preferencias sobre el blanco, el rojo y el amarillo.

Los robalos tienen dos condiciones biológicas muy particulares: son hermafroditas y pertenecen al grupo de peces eurihalinos.Todos los robalos nacen machos y solo a partir de los dos años de edad y dependiendo del entorno y el resto de los ejemplares en el área, algunos ejemplares se vuelven hembras; proceso que los denomina como hermafroditas: comportamiento sabio de la madre naturaleza, para poder garantizar la preservación de la especie. Este cambio de sexo, mayormente se sucede cuando el robalo alcanza un largo de entre los 70 hasta los 80 cms. Es por esta razón que en EEUU, se prohíbe y penaliza que en sus aguas, se capturen especies entre esas tallas, evitando la muerte de alguna hembra que no haya desovado aún. En las zonas de la Florida que he podido visitar, existen dos vedas al año y en épocas de capturas, solo se permiten dos capturas por pescador, por día.

Su adecuación a diversos ambientes de salinidad (como el salmón, que se adentra desde el mar, hacia los ríos a desovar) incluye al robalo en el grupo de peces llamados eurihalinos. Peces con mucha tolerancia a los distintos grados de salinidad de las aguas, que les permite transitar o establecerse durante largos períodos de tiempo, lo mismo en agua salada, media salobre o totalmente dulce y ello explica por qué se han pescado robalos río adentro a kilómetros de las bocanas al igual que en aguas de la costa, muy alejados de la orilla, hasta los 20 metros de profundidad.

Para garantizar mejores crías, en ocasiones la hembra impone un método de clasificación natural para “hacerse” de los machos más saludables. Cuando llega la época del desove, entre los meses de junio y octubre, se hace acompañar durante algún tiempo de varios machos jóvenes que mantiene nadando a su lado el tiempo suficiente para que los más débiles se vayan quedando en el camino. En este período,  nos ha tocado ver nadando, incluso a menos de dos metros de la lancha, a la hembra (de mayor tamaño) con un harén de hasta 5 machos, sin aventarse contra ningún señuelo o carnada, porque al parecer, es una etapa donde se alimenta muy poco, o nada.

El desove.

Con los machos que van quedando a su lado, se dirige entonces a aguas costeras y en vísperas de marea alta, puede depositar hasta más de 3,000,000 de huevos que son fecundados por los espermatozoides de los machos que anden cerca esperando el momento. La razón de seleccionar las bocanas y entradas de mar es por la necesidad que tiene el macho de activar su esperma, que solo es posible en agua salada; y es después de estos procesos de desove, cuando la hembra, que necesita reponer fuerzas, va a disponer de cuanto alimento tenga cerca. Por ello se dice que cuando se atrapa un ejemplar de buen tamaño en alguna playa, se trata de una hembra, que culminó el proceso de desove en alguna entrada cercana de agua de mar.

Desgraciadamente van a llegar a formarse como alevines entre el 20-30 %, que seguirán siendo víctimas en todo su trayecto y desarrollo por las distintas etapas, donde sólo menos de un 2 %  de la puesta inicial, podría llegar a la edad adulta. 

Crecimiento y desarrollo.

Las pequeñas larvas, tomarán vida a partir de las 20 y las 36 horas, con apenas 2 mm de largo. En menos de 30 días ya sobrepasarán los 4 centímetros de tamaño y se alimentarán del zooplancton y larvas muy pequeñas.

Sus primeros meses de vida van a estar dedicados a comer desenfrenadamente para lograr en lo posible, mayor masa corporal, lo que los llevará a cumplir el año con alrededor de 15 cms de largo; logrando crecer otros 15 cms al año siguiente, donde pueden llegar a su primer kilogramo de peso. A partir del tercer año y dependiendo de las condiciones de alimentación, el robalo comienza a desarrollarse muy rápido, obteniendo un peso corporal de aproximadamente un kilo por año y la necesidad de mayor alimento sumado a su inexperiencia, lo puede llevar a atacar todo lo que se le interponga en su camino, lo que va a propiciar muchas capturas de ejemplares de apenas 1-2 kgs de peso.

Temperatura del agua

El robalo siempre va a preferir las aguas que se mantengan próximas a los 24 grados centígrados de temperatura –su zona de confort-  aunque puede sobrevivir en rangos, desde los 22 hasta los 36 grados. Si conocemos que esta especie es muy adaptable a cambios de salinidad en el agua, de igual manera debemos conocer lo vulnerable que resulta a las bajas temperaturas donde un cambio brusco, que haga descender el temple del agua por debajo de los 15 grados centígrados puede aturdirlos hasta la inmovilidad total, y un descenso por debajo de los 13, los va a llevar a una muerte segura.

El sexo y edad del robalo.

El sexo del robalo es imposible definir a simple vista. Su edad aproximada puede calcularse en relación a su peso. Si ya conocemos que un robalo alcanza generalmente un kilo por año a partir del segundo año de vida, podemos estimar que un ejemplar de alrededor de 5 kilos de peso, puede tener una edad aproximada de 3 1/2 a 4 años. Solo con estudios realizados por especialistas, puede determinarse la edad de esta especie. Para ello es necesario examinar el otolito, un pequeño huesito que se encuentra dentro del oído de los robalos - que como los árboles- está formado por anillos concéntricos donde los especialistas pueden “leer” con mucha exactitud la edad del robalo.

El manglar

No hay duda que el manglar –como ya he comentado- es la mejor guardería para muchas especies en crecimiento, incluyendo al robalo. Es la fábrica más eficiente de zooplancton, donde además de proveer el mejor refugio y alimento, las especies van a encontrar temperaturas más estables por el poco flujo de agua y la cercanía con el fondo.

Son áreas donde el robalo y otras especies en desarrollo van a tener protección contra sus principales depredadores: el hombre, el tiburón y la gran barracuda. También podrán guarecerse de los vientos fríos y las aves que comparten los humedales, que intentarán alimentarse como hacen en las playas, tanto de los pequeños robalos, como de los alevines,  los cangrejos, larvas y camarones, que le sirven de alimento. El duro proceso de sobrevivencia, lo hará más prudente. Lo entrenará para definir mejor sus ataques, sobre todo, cuando decida comenzar el camino de regreso al mar, donde se afirma en varios reportes que mientras emprende estos viajes y no se establece en algún perímetro determinado, apenas y come. Su desarrollo y aprendizaje lo va acompletar cazando primero en las playas cercanas, muelles y escolleras, hasta adentrarse a aguas más profundas, como parte de un entrenamiento que irá perfeccionando, haciéndose más cauteloso y evasivo, donde sus prioridades se centrarán: a) en hacer más efectivos sus ataques, y b) evitar ser atacado.

Habrá ejemplares que llegarán hasta aguas abiertas, para permanecer un tiempo largo hasta acercarse de nuevo a desovar, otros -los menos- saldrán poco al mar, o no lo harán nunca, y otros van a  establecerse  en las aguas cercanas a bocanas y playas, donde pueden permanecer incluso el resto de sus vidas  donde se les captura con bastante regularidad. En cualquiera de los escenarios, el macho puede vivir hasta los 14-15 años y alcanzar cerca de los 14 kilogramos de peso, mientras la hembra, más longeva, puede llegar hasta los 20 y 21 años de vida, con pesos de hasta 25 kgs; tallas y pesos que se dan con más regularidad en algunas costas de México como Nayarit, Mazatlán, Manzanillo, Baja California, también en las playas de Costa Rica, los flats y cayos del sur de la Florida y las aguas de la Bahía de Tampa, Sarasota y Clearwater, entre otros escenarios.

Las corrientes y las mareas

Con relación a la pesca del robalo, si algo podemos tener en cuenta, son las corrientes y las mareas. Para los más nuevos, deben saber  que no significan lo mismo: corriente es el fluir del agua y la marea, es el descenso o la altura que ésta alcanza, por más o menos volumen en un área determinada. Por lo general en mar abierto las mareas son menos notables que en aguas interiores, por no tener referencia, mientras que en canales, puertos y playas resulta todo lo contrario, por las marcas que la marea deja en sus diferentes cambios.

En los esteros los cambios son más evidentes, donde las presas mayores permanecerán en el canal central, hasta que el agua  poco a poco, comience a llenar los canales adyacentes, buen momento que podemos aprovechar en lo que se completa el volumen de agua, para castear en esas zonas que serán las más profundas, con señuelos de media agua y donde estar a bordo de un kayak, puede sumar mucha ventaja.

El robalo como buen oportunista, se vale de las corrientes, cuando ésta puede acercarle su comida, mejor, si tiene cerca un área segura desde donde va a permanecer inmóvil esperando sus presas, que va a atacar por lo regular, contracorriente. Desgraciadamente en México, no podemos aprovechar los horarios de estos cambios como sucede en otros países, por no contar aún con un organismo que obtenga e informe con exactitud de estos horarios, como sucede en otras aguas, donde me ha tocado comprobar -con exactitud de minutos- cómo se generan los cambios que anuncian, incluso en diversos puntos cercanos dentro de una misma bahía.

“Si quieres conocer un buen pescador de robalos (escribe Frank Sargeant, en su libro: Snook Master) es aquél que lee las tablas de mareas antes del desayuno y tal vez, después de la cena. Podrá olvidar hasta su aniversario de boda, pero no va a olvidar las fechas y las horas de las primeras mareas de mayo” -y continúa en tono de broma- “Esto pudiera tener que ver con el alto índice de divorcios que existe entre los pescadores que buscan esta especie”. 

Lo anterior nos dice, que no hay mejor escenario  para encontrar al robalo que en los espacios donde el agua esté en movimiento que es por lo general, donde va a encontar su alimento.

En las mareas bajas podemos buscarlo más al centro de los canales, mientras durante la marea alta seguro va a merodear más en las orillas, estructuras a flor de agua y piedras, donde los peces pasto suelen tratar de guardarse. Si queremos llevarnos por esta simple regla y tener en cuenta las corrientes, siempre van a resultar mejores los días previos y posteriores a la luna nueva, que son los días del mes con corrientes más fuertes; y si optamos por las bocanas, puentes y áreas de paso, la práctica me ha demostrado que se pueden obtener buenos ejemplares desde las dos primeras horas de la entrada de agua, y hasta dos horas después que el agua comience a salir.

La pesca del robalo.

No por gusto y en el caso de la pesca con señuelos artificiales, muchas encuestas denominan al robalo como uno de los peces más difíciles de capturar; incluso si lo comparamos con la lobina o bass, donde estaríamos de acuerdo que el robalo es menos voraz que la lobina, sin embargo, de mucha más fuerza, poder y resistencia. Si a ello, le sumamos su efectiva intransigencia a la captura, sus tretas para deshacerse de los avíos cuando se siente apresado, incluyendo sus sorprendentes saltos fuera del agua, podríamos entender por qué el robalo podría ser el reto más dificil y la especie más deseada por muchos pescadores deportivos en las playas y los esteros.

Lo primero que debemos aprender, es que la pesca del robalo, no se parece a ningún tipo de pesca. El robalo es un pez que embosca casi siempre a sus presas, ya sea desde algún puente, en las playas, debajo de las embarcaciones o en los alrededores de maderos hundidos y rocas. Puede esperar el momento adecuado, con calma y mucha cautela, hasta acercarse lo suficiente para abrir su enorme boca y –literalmente- absorber a su presa, por lo que muy pocas veces, falla en sus ataques.

Si nuestro señuelo logra confundirlo, se lo tragará de inmediato, de lo contrario, bastarán fragmentos de segundos para que una vez convencido del engaño, lo escupa, sin enterarnos muchas veces que lo retuvo en su boca y será en ese momento, cuando vamos agradecer tener una caña sensible, y/o el entrenamiento suficiente para detectar esa acción y dar el “hook set”, antes que devuelva el artificial.

Esta es una de las razones, por lo  que muchos pescadores, - y me incluyo- prefieren tratar de capturarlo con señuelos blandos (soft jerk baits, tails, shad, grubs etc) buscando confundir al depredador para que retenga el plástico más tiempo en la boca, y con la primera señal de posesión, dar el hook set y tratar de engancharlo, que como veremos más adelante y en el caso específico del robalo… no significa que terminemos con la captura. ¿Qué suerte propicia entonces, que sin tener experiencia en ello, muchos pescadores puedan obtener capturas regulares de esta especie?

Sin duda… “la suerte”  de estar pescando con algún señuelo armado con 2 ó 3 anzuelos triples, y que una vez atrapado por el pez o a la hora de escupirlo, alguna de las puntas, (o varias) se enganchen en la delgada membrana bucal, lo que va a provocar que por lo general, sea el mismo pez, quien se ensarte los anzuelos cuando intente devolver el falso alimento y nos va a avisar, no en el momento de atraparlo como en la mayoría de las especies, sino cuando su instinto le dicte que debe huir porque ese “algo” que no quiere, quedó atrapado en su boca.

Qué equipo usar para la pesca del robalo

Desde pequeñas embarcaciones, kayaks, o desde la orilla en los esteros y bocanas, el equipo por lo general, es el mismo: cañas de 6-7 pies, líneas de 10-12 libras (trenzada o mono, con carretes spinning o bait casting) y el obligatorio líder de monofilamento o fluorocarbono, sin dejar a un lado quienes buscan su captura en las playas y costas con cañas largas, lo que en esta especie se vuelve una ventaja (como comentaremos más adelante) además de la gran carga de adrenalina que conlleva una buena pelea con varas más allá de los 8 pies.

Algunos aspectos me parecen muy importantes en esta actividad, tanto, que creo que son de los que marcan la mayor diferencia con relación a otros tipos de capturas, como son: la tensión de la línea y su libraje (en el caso de monofilamento o híbrida), la posición de la caña y el freno del carrete.

Debemos entender que el agua, como volumen acuoso, ofrece determinada resistencia a los movimientos de cualquier cuerpo que trate de moverse dentro de ella. Ello va a significar que el robalo, cuando salta, va a desarrollar movimientos el doble de violentos y con mucha más fuerza y energía, por carecer de esta resistencia en el aire y para lo cual, debemos prepararnos.

En primer lugar la tensión de la línea que se le aplica al robalo no debe ser la misma que se le aplica –por ejemplo- al sábalo, el pargo etc, ya que la mayoría de las veces, el robalo va a quedar enganchado por las membranas bucales (las que permiten ensanchar su boca, cuando trata de absorber a sus presas), estas membranas, situadas entre los labios superiores: son muy frágiles y pueden rasgarse facilmente, dejando salir el anzuelo.

Por ello se hace necesario –y vamos al segundo punto- que la tensión de la línea esté ayudada por dos factores: uno es la posición de la caña para que esta trabaje flexionándose en todo momento, sin una resistencia extrema cuando el robalo lo imponga, y sin que esa fuerza sea limitada por el freno del carrete, donde una caña a lo sumo MH (a mi gusto, mejor M) y larga, (entre 7 y 8,6 pies) va a resultar mucho más eficiente para ello, sobre todo, si la mantenemos siempre para que haga su labor, entre las 10 y las 11 del reloj.

Lo segundo es el libraje de la línea. Siempre será más flexible esta acción de la caña si a la vez estamos trabajando con una línea de capacidad media baja, que permita cierto estiramiento sin riesgo de desgarrar las zonas de enganche del pez, acción muy posible si usamos cañas muy rígidas, frenos más apretados y líneas de resistencia mayor, en aras de garantizar la supuesta captura.  Esa tensión se logra mejor si estamos usando una vara algo más larga y de poder medio o medio duro (M - MH) y que podamos mantenerla en buena posición para que flexione más y pueda absorver las corridas del pez, sin que exista mucha resistencia sobre la zona de enganche y el pez pueda moverse siempre con la línea tensa, porque si algún factor propicia con frecuencia que se suelte un buen robalo, es en el momento del salto dirigir la caña hacia el pez (lo que acostumbramos a hacer con el sábalo), ello constituye un error que puede significar perder la captura por destensar la línea.

El tercer punto, tiene que ver con los dos primeros y es el control del drag (freno) del carrete. En ese aspecto, mi recomendación es que mantengan el freno con menos fuerza que lo acostumbrado, por lo mismo. Una por los saltos, donde el robalo puede dar un espectáculo en el aire, que envidiaría cualquier pelágico, desplegando una fuerza increíble en su afán de soltarse y en ese momento, es preferible –sin destensar nunca la línea- que pueda sacar unos pies de cuerda antes de romperla o que se desgarre su boca, y que seguro vamos a controlar mejor, si a partir de cierta calibración del freno, -digamos básica, o inicial- ayudamos a detener las vueltas de la bobina con la palma de la mano (spinning) o con el dedo pulgar (bait casting), ejercicio nada difícil y que al final, también cuidará del mecanismo de frenado del carrete.

De igual forma, si estamos en aguas bajas y salta, el robalo al caer va a salir nadando con fuerza, casi siempre alejándose del pescador. Lo mismo que sucederá si estamos en alguna embarcación, que en lo que lo acercamos y descubra la sombra de la embarcación, va a voltear para alejarse en lo posible y es cuando todas estas situaciones -si actuamos con calma- se pueden controlar con la posición de la caña y  el freno del carrete, para no limitar la salida de línea con el drag, por alguna corrida final que seguro, y si aún “está verde” (no cansado),  va a emprender con sus últimas fuerzas.

Mi humilde consejo a los más nuevos,  es que no se desesperen tratando de acercar el pez. El robalo es muy luchador, sí,  pero se va a cansar siempre antes que nosotros. Se necesita de un tiempo para “madurarlo” disfrutando de un buen encuentro, que por alguna imprudencia, podríamos perder.

La pesca del robalo en los esteros.

El estero impone un cambio en las reacciones cuando estamos detrás de esta especie, que por lo general va estar patrullando en los costados del caudal de agua, aprovechando la seguridad que le brindan las raíces del manglar, buscando pequeños alevines que se esconden entre las ramas sumergidas, incluyendo, a los más pequeños de su especie.

Si bien en estas áreas resulta menos cansado el casteo por lo reducido del espacio, debemos entender que es un escenario sumamente peligroso, por la protección que esta especie encuentra (y va a usar) entre las raíces del mangle adonde se va adentrar - no lo duden- en cuanto se sienta atrapado.

Ello hace necesario un hook set (jalón) suficiente para clavarlo en el primer intento y un freno más preciso (teniendo en cuenta lo comentado sobre la tensión) para evitar que se adentre como va a intentar, entre las ramas y troncos llenos de conchas, estructuras, piedras etc, donde, o puede enredar la línea entre las raíces para que perdamos el control, o en el peor de los casos y como sabemos -y él también- con seguridad la va a cortar.

Si andamos en canales estrechos y perpendiculares al viento, podemos probar mejor, en la orilla hacia donde se dirige el aire, que como ya sabemos, arrastrará pequeños insectos flotando y residuos, donde los más pequeños acudirán a alimentarse… y el robalo también.

Si el cauce es ancho y son días de frío o más frescos, podemos intentar en el centro, en la parte más profunda donde puede encontrar su zona de confort por el calor de la tierra, donde igual, se va a mover más lento y por lógica, va a comer menos. En esos momentos, debemos “servirle la comida” lo mejor posible, con presentaciones lentas, muy realistas, invirtiendo tiempo hasta “convencerlos”. Si son de esos días de verano  o de sol fuerte, lo más probable es que prefiera del medio de la columna de agua hacia arriba, donde cualquier señuelo suspending o un popper, pueden llamar su atención.

La pesca del robalo en las playas

Pescar robalos en la playa, son de las habilidades que el pescador de orilla va ir perfeccionando, mejor, si lo hace con regularidad en las mismas aguas. En este escenario, lo mismo se puede castear desde la orilla, recorriendo la costa, que  trolear a baja velocidad, incluso –volvemos a lo mismo- pescar desde un kayak, donde resulta mucho dejarnos llevar por alguna corriente suave, he ir casteando con mucha discresión desde la zona de rompientes y en diagonal  hasta la orilla, donde puede merodear el robalo en zonas de aguas extremadamente bajas.

Si logramos divisar una buena escuela, de esas que ya se ven  poco en este lado del país, y aspiramos a tener más de una captura, lo mejor es permanecer lo más alejado posible, presentar el señuelo con discresión y lanzar dos o tres metros al frente del líder que viaja de primero y recobrar contra corriente, evitando ruidos fuertes e innecesarios que pudieran asustar al resto de los miembros. Si andamos en zonas desconocidas, podemos tantear el cuerpo de agua con algún popper pequeño y recobrado de forma suave, con lances entre paralelos y diagonales a la orilla, para poder abarcar desde las zonas de media agua, hasta la zona de rompientes. 

Sobre alguna embarcación pequeña podemos trolearlos a baja velocidad o mejor con motor eléctrico. Las zonas límites, entre los pastizales cercanos a la costa y los fondos limpios, suelen ser muy efectivos también donde nuestro pez, suele patrullar en busca de alimento.

Algo que vengo leyendo en muchos reportes de pescadores  experimentados en la Florida, y que además de sorprenderme, comencé a asumir, es que para pescar robalo en las orillas de las playas, como las de Yucatán y Quintana Roo (de fondo plano y arena) aconsejan no meterse al agua,  “es un error muy grave”  que puede significar tener o no tener capturas de esta especie (así de tajante lo comentan) a no ser, cuando se intenta capturar más allá de la zona de rompientes, como en el caso de la pesca del robalo con cañas de surf, donde otras reglas imponen una manera distinta de pescar.

Entre las varias razones para este consejo están: una, que el robalo en las playas de arena y fondo plano, tiende acercarse demasiado a la orilla, donde va a patrullar con sigilo, en busca de escuelas desorientadas de sardinas, lisetas o los cangrejos que desentierran las pequeñas olas, tanto, que nos ha tocado ver como arrastran la panza pegada al fondo, dejando expuestas sus aletas dorsales y su cola, en menos de un pie de agua. La otra, es que el robalo, más que vernos o identificarnos como sus captores etc, va a alertar sus sentidos por los movimientos que hagamos con los brazos y la caña, que para su instinto temeroso, “algo” de tamaño grande se mueve cerca y eso puede significar peligro y para ello, nada como entender que si vemos el pez, él también nos puede ver... La otra razón, es el ruido que podemos producir al caminar  con los pies sumergidos muy cerca de la orilla, donde sin darnos cuenta podemos ir aplastando conchas, cangrejos, frotando pequeñas piedras, etc, van a propiciar que el robalo pueda asustarse y por ende tienda alejarse de la zona por asumir los sonidos, como los que produciría un gran depredador a la hora de trozar un tipo de presa con caparazón o similar.

Como sabemos, los robalos son difíciles de ver  por su mimetismo con el fondo, y es cuando podemos ayudarnos con los bancos de sardinas que vaya atacando, o las aves que se posicionen desde arriba siguiendo el alimento, o que andan en las orillas sobre todo, extrayendo camarones y cangrejos. No quiere decir, que si hay sardina brincando o aves picoteando el fondo hay robalo, pero ello nos va indicar donde se encuentra una buena zona de alimentación para los peces pasto y por supuesto, donde nuestro depredador también puede alimentarse.

Una de las modalidades que más adrenalina genera, es la pesca de robalos con cañas de surf o salmoneras de más de 8 pies, y donde por lo general, las tallas son muy distintas a las que se obtienen en las orillas de las playas del sureste del país, de fondos bajos y planos.

Además del largo de las cañas, otro aspecto se suma en esta modalidad y es el espacio, porque no resulta lo mismo pelear un robalo pequeño en un ambiente -digamos- cerrado o limitado como puede ser un estero, una ría, etc, que encontrarse con capturas de tamaño mayor en espacios abiertos, que si bien se encuentra alejado del peligro de manglar y la protección de éste, en muchos casos hasta se requiere de alguna preparación física para contender con estas enormes presas en aguas abiertas  a lo  largo de la playa, donde en ocasiones habrá que sortear piedras o buenas distancias, siguiendo al pez para evitar una tensión mayor en la línea que puede dar al traste con la captura. No se trata de fuerza bruta como con otras especies, se trata de paciencia y dominio de todo el hardware, donde el equilibrio de todas las partes y la experiencia del pescador pueden garantizar el codiciado pez trofeo.

Por lo general, las noches o los momentos antes del amanecer y el anochecer son los ideales para estos ambientes,  y la posibilidad de comportamientos diversos pueden estar determinados, tanto por las mareas, los movimientos de los bancos de alimentos o el clima, o todo ello junto y a la vez, por lo que no hay patrones específicos para esta especie cuando se busca en playas profundas, porque por lo general suele comportarse de manera poco predecible. Hay quien prefiere tratar de ubicarlos primero, o tantear la suerte entre las olas, donde suelen merodear de frente a la corriente esperando que algún pez pasto confundido con el movimiento del agua, llegue hasta ellos.

Las versionas mayores del Sub Walk de Rapala (2 oz) o el Rapala Glidin´ Rap resultan excelentes para esta modalidad, y donde por supuesto las letales gomas como los Shad de Storm o Tsunami -por solo mencionar algunas- nos pueden dar una buena jornada, así como las cucharas de 3/4-1 oz. De los jerk o minnows más conocidos en nuestras aguas, creo que nada supera en esta modalidad los Xrap 12 ó 14, o los Rapala X-Rap Jointed Shad de 1 5/8, también y con mucha confianza, los Mag Minnow de 7/8 oz de Yo-zuri, y de los superficiales, apostaría por los legendarios poppers de Rapala en su tamaño mayor o los Yozuri Mag Darter o Mag Poppers, ambos de 1 oz. Y si de explorar toda la columna de agua, con seguridad, apostaría la salida con las plumillas o bucktails de entre 3/4 y 1.5 oz, o su versión con grubs rojos o blancos que ofrece Williamson: los famosos y efectivos Banjo o Arrow Head, de entre 1 -2 oz.

La pesca en muelles y puertos de abrigo

Estos son de los ambientes preferidos por muchos, por la seguridad y la posibilidad de encuentros con esta especie en cualquier época del año, mucho mejor en la noche, cuando podemos escaparnos de la oficina un rato y donde el tráfico de lanchas, no molesta tanto como durante el día.  En Yucatán, eran comunes las jornadas nocturnas al salir de la oficina y con buenas capturas en los puertos de abrigo, cuando después del trabajo, nos encontrábamos en las afueras de la ciudad, donde lo mismo se pescaba desde los espigones, que troleando con motorcitos eléctricos a bordo de pateras y lanchas inflables.

Durante el día resulta positivo castear debajo de las embarcaciones, a la sombra, donde permanecen esperando la oportunidad de atacar o donde también encuentran las mejores temperaturas durante el invierno. Cuando hay frío, el robalo suele quedarse pegado a los cascos de las lanchas, sobre todo las pequeñas y de color blanco, donde busca disfrutar del calor que genera el piso o fondo, expuesto a los rayos del sol.

En los muelles construídos sobre pilotes, casi siempre va a encontrarse debajo y al acecho constante, porque son áreas con mucha vida entre los maderos, las bases y las estructuras que permanecen hundidas, donde también suele guarecerse el pez pasto, los camarones y los pequeños cangrejos, que conforman lo más importante de su alimentación. Si hay sol, de esos días muy luminosos, lo más seguro es que se encuentre debajo o también en los bordes de sombra que proyecta el muelle sobre el agua, en ese momento resultan efectivos los señuelos que podamos dejar llevar por la corriente hasta debajo del muelle, para comenzar el recobro una vez ubicado en las zonas más oscuras.

En las noches, -como ya apunté- también estos escenarios son muy buenos para trolearlos con lanchas pequeñas, despacio sobre los canales centrales, o entre las embarcaciones o en el mejor de los casos, castear alrededor de las zonas de iluminación que producen las luminarias, colocadas sobre las estructuras. Cuando estamos situados en estas áreas de luz, no debemos lanzar sobre ellas sino alrededor, que es donde el robalo va  a merodear esperando localizar a su presa, que por lo general, va esperar a la salida en la oscuridad y aprovechando que los pequeños peces y camarones, van a salir del área iluminada encandilados por la luz.

Resulta también oportuno que los señuelos atraviesen una parte de la zona iluminada (si hay corriente mejor), y lleguen hasta la zona oscura, donde por lo regular los va a esperar el robalo.

Son horas donde resultan mejor los señuelos pequeños, de no más de 3”, que es el tamaño de las presas habituales que rondan esos escenarios durante la noche en busca de su alimento y en las zonas de luz, cualquier señuelo de goma, movido lentamente es bueno, así como las letales plumillas y grubs de color claro, o como comentó en uno de sus reportes, un asiduo pescador de robalos en la Bahía de Tampa: “nada como un camarón DOA tipo glow, bien cargado de luz... y mucha fé”.

Los señuelos suaves

Como apunta el refrán; “cada quien habla de cómo le fue en la feria”... En México, dependemos de las ofertas –aún limitadas- de las pocas tiendas de pesca, o que podamos disponer de comprar nuestros avíos en el exterior y si a ello le sumamos los hábitos de cómo pescar en cada área, la respuesta a cuál señuelo usar sería interminable, y cada una tan válida como la otra. Por ello, si tuviera que seleccionar según mi apreciación y pensando en lo que tenemos a la mano, mi primera opción sería un señuelo soft como los camarones de D.O.A., los Terror o los C.A.L. Shad y soft jerk baits de la misma marca con sus respectivos cabezales. Sin dejar fuera los también famosos Cocahoe, los jerk baits de Zoom o Yumm, armados con los jigs head articulados de Logic Lures, y la versión tándem de esta marca que acaba de entrar al mercado mexicano, contando ya, con muchas muestras de efectividad en muchas especies.

Los grubs o shad, me han funcionado mucho con corrientes no muy fuertes, donde la misma fuerza del agua va a propiciar que la cola adquiera un movimiento, que pocos depredadores van a desestimar, y mejor, con algunos tirones aislados en el recobro. Con los camarones de plástico, prefiero usarlos cuando hay muy poca corriente o ninguna, para que puedan bajar y depositarse en el fondo, para “jalarlo” de un tironcito, corto, dos o tres más, cortitos (para evitar que suba mucho), y volver a dejarlo caer al fondo con los camarones DOA y cuando hay más de 4-5 pies de agua, me está resultando intercambiar los pesos, poniéndole al camarón de 3”, el peso del de 4”, buscando más rapidez al bajar y lances más distantes; y a pesar del peligro de enganche en las zonas de pastizales, les aseguro que los camarones sí funcionan, y  emulan muy bien (cuando logramos moverlos correctamente) el comportamiento del camarón cuando se escurre entre las hojas pegado al fondo, lo que además, puede propiciar otras capturas, como de pargos, corvinas y en menos escala del jurel, que como conocemos todos, es más propicio a la media agua y la superficie.

Este trabajo con los camarones tiene más ventaja cuando lo podemos recobrar en corriente suave, para que el mismo fluir del agua lo devuelva unos metros atrás, para volver a iniciar el recobro. De los D.O.A. Terror Eyz, en verdad hay muy poco que decir, y quien no haya tenido capturas con estas gomas estoy seguro que en cualquier momento las va a tener, porque son todo un terror, lo mismo en corrientes que en aguas calmas, profundas o superficiales. Junto a los jerk baits, son ideales para las corrientes fuertes donde sólo se aventarían los pequeños peces pasto; alardeando con un nado más poderoso para atravesar la fuerza de la corriente, por lo que el recobro debe manifestarse más enérgico (como lo haría el pez) como los ataques, que por lo general, van a resultar más violentos.

Algo que deben asumir los que comienzan, es que si estamos muy cerca de un puente por donde pasa el caudal de agua, siempre es conveniente colocarse a la salida del puente y no en la entrada de agua, más, si se está pescando con línea de bajo calibre o trenzada, porque si hay corriente fuerte el robalo, una vez enganchado se va a dirigir -seguro- a la corriente para sumar más resistencia al recobro, con el riesgo de pegarse a las orillas (recordemos que la línea estará muy tensa)  lo que va a llevar a reventarla con el roce de alguna piedra o estructura y les puedo asegurar que en la mayoría de  los casos lo logra.

También me ha tocado ver a los nuevos y no tan nuevos en estas faenas, que cuando localizan el pez intentan dejarle caer el señuelo lo más cerca posible, y eso es un error... y un privilegio que solo le corresponde por lo sutíl de sus presentaciones a los diestros pescadores de mosca.

El robalo no es como la barracuda que se caracteriza por su territorialidad, lejos de ello es muy asustadizo por su naturaleza tan vulnerable, y dejarle caer un señuelo cerca, sobre todo cuando se usan esos ruidosos poppers, puede asustarlo y alejarlo del lugar por un buen rato o no regresar, y ello es entendible... su memoria genética le dicta que por lo general el pez pasto, a no ser llevado por una fuerte corriente, no va a venir a su encuentro, y menos “dejarse caer” tan cerca que se lo pueda tragar de inmediato, por lo que si “algo” del tamaño que sea “cae” de improviso, lo va a asustar y saldrá de la zona lo más rápido posible, generando de inmediato un rechazo que nos puede costar su posible captura.

Los señuelos duros

De los señuelos duros, creo que mis palmas serían para los Xrap10 y el Subwalk de Rapala, de Yo-zuri los Cristal Minnow F6 y F8. De Mirrolure, con los Mirrodine XL y la serie III, con los 51 y 52MR y el infalible Cath 2000 y una marca que ya empezó a ser bien recibida en la pesca de esta especie, los señuelos DUO en varias de sus versiones; donde cada cual trabajaría, según sus patrones de fábrica. Confieso que disfruto mucho ver a los locales con sus tablitas, a veces desde la orilla o sus pequeños alijos, lanzando unas plumillas que en verdad no pueden ser más feas y toscas, sin embargo cuando las recobran a mano con jalones cortos y seguidos, pueden darnos una verdadera lección de cómo pescar a la usanza criolla con el mínimo de recursos, porque no hay duda que funcionan y… ¡vaya que resultan!.

Con los popper pequeños (Yo-zuri o Rapala) trato de castear lejos de las zonas donde pienso puede estar el robalo, para no asustarlo, y espero unos segundos (algo que siempre hago) para comenzar un recobro suave hasta la zona que me interesa, y muchas veces, solo le muevo con la punta de la caña, despacito, sin apenas moverlo del lugar; práctica que me ha funcionado mucho cuando dejo que la corriente lo aproxime al manglar, y lo recobro con tirones cortos. Si ando tanteando aguas más profundas, como en la playa o en los canales centrales del estero, recobro más fuerte y seguido, buscando llamar la atención del depredador que pudiera andar en zonas profundas.

Sobre los colores y según estudios, se sabe que el robalo puede visualizar el color blanco, descompuesto en un fuerte destello que incluye casi todos los colores del espectro, lo que pudiera aparentar el efecto holográfico de los peces pasto. Y que el mismo blanco, en combinación con el rojo, el negro o el chartreusse, o el negro con el rojo y el negro con el chartreuse, crean una ilusión muy atractiva para esta especie. Sin embargo soy un convencido, que cualquier color de señuelo, bien recobrado y colocado en el momento y lugar propicio, puede llevarnos a una buena captura cuando el pez quiere comer.

El leader de fluorocarbono

Si en otras modalidades de pesca el uso del fluorocarbono puede ser algo intrascendente, con esta especie -insisto mucho en ello- no lo es. El fluorocarbono ofrece una gran resistencia a la abrasión, lo que nos va a permitir poder pelear al pez en zonas de estructuras con “relativa” seguridad, así como gozar de una de las mejores defensa que tendremos contra las agallas del robalo, que si alguna vez lo han visto saltar de cerca, deben recordar como recuesta la cabeza para tratar de cortar la línea  con las agallas, daño que -incluso usando buen leader- logra en muchas ocasiones

El otro factor a favor del “fluro” es  su poca visibilidad por el depredador, su superficie es tan pulida que iguala en mucho la capacidad del agua para dejar pasar la luz, lo que hace “casi” nula su presencia para el pez, muy útil en aguas claras.

De las marcas que he usado puedo decir que Yo-zuri (pink), la Sufix, la PLine, los de marca Seaguard, la Berkley Trilene, y la nueva versión de Ande color rosado, -aunque un poco más rígida que las anteriores- me han resultado suficientes para el tamaño de capturas del área. En aguas turbias o usando cañas largas, he usado mono de 60 lbs o la misma Yo-zuri Híbrida de 50 lbs, sin nada que lamentar hasta ahora. 

Pero más que todo lo anterior y para terminar, deberíamos, los que sentimos respeto y mucha admiración por esta especie, asumir el uso de un buen leader de fluorocarbono –siempre y por obligación- por tratarse de una de las especies que más lucha por su vida, de épicas batallas y las mejores emociones cuando trata de defenderse y donde lo menos importante -se los puedo asegurar- es perder la captura. Se trata eso sí, de evitar por todos los medios que esa línea cortada deje un señuelo atravesado en la boca del pez, condenando al robalo por la imposibilidad de comer, a una muerte segura, lenta y dolorosa; muerte muy injusta que no se merece ningún pez, menos, un gladiador de la talla del robalo: amo y señor de las playas y el estero. 


miércoles, 26 de agosto de 2015

Encuentro en Isla Mujeres

Por: Rolando Córdoba

Isla Mujeres no se parece a ninguno de los destinos del sureste de México. Tampoco intenta parecerse a otro país porque no le hace falta, porque desde que uno se baja del ferry y pisa esta pequeña isla, se siente olor a México… a un México romántico, real y auténtico, con gente noble, que se les hincha el pecho cuando les toca hablar de su tierra llena de recuerdos e historias como la del comerciante Mundaca, quién construyó una hacienda como devoción al amor no correspondido de una hermosa mujer a quien llamaban “La trigueña”, o las leyendas de las grandes capturas que lejos de torneos y competencias, ondean en los recuerdos como verdaderas hazañas para condecorar la hombría, el pecho de los cientos de pescadores que como todos los isleños, son fieles devotos del mar.

Isla Mujeres se encuentra en el noreste del país, exactamente frente a la costa norte de Cancún. Desde Puerto Juárez se puede tomar el ferry que en minutos transporta a los agasajados con toda comodidad hasta la isla, encuentro que hasta al visitante habitual siempre sorprende. Cómo sorprenden los nuevos hoteles, las avenidas limpias llenas de turistas que disfrutan moverse en pequeños carros de golf,  y forma parte de su encanto. Cómo sorprende amanecer frente a un kiosco de tortas de lechón o cochinita pibil a la más pura usanza yucateca; los nuevos  restaurantes ofreciendo todo tipo de comida, compartiendo en muchos casos las estrechas calles con casas de colores muy llamativos, que se incorporan a un paisaje de paz y tranquilidad que desde temprano, comparte el espacio con los comerciantes que preparan sus tiendas para esperar al turista, siempre con una sonrisa por bienvenida y la mejor intención.

Esta isla, de poco más de ocho kilómetros de largo está rodeada de aguas de un azul turquesa muy particular, requeridas cada vez más, por un número mayor de visitantes que encuentran en las playas las posibilidades de un buen fin de semana o unas vacaciones llenas de aventuras, historias y todo lo referente al mar y lo mejor: a precios muy competitivos, donde se puede disfrutar de la pesca off shore e in shore, el esnórquel, el veleo,  el avistamiento de delfines y el nado junto al tiburón ballena, uno de los espectáculos más sorprendentes y que cada vez atrae a más visitantes para compartir estos escenarios –sin duda- de los más hermosos del sureste mexicano. Y qué decir de los atardeceres en Playa Norte,  donde se concentran todos los visitantes mientras que decenas de cámaras tratan de congelar con cierta nostalgia el momento en que el sol se sumerge en un mar lleno de destellos para darle paso a una noche de colores, buena comida, música y mucha alegría caribeña, como suele ofrecer Isla Mujeres.

Llegamos invitados por el Director del Fideicomiso de Turismo de Isla Mujeres, Alvaro Magaña, que buscando promocionar los valores de la región solicitó a “Troleo” la visita de un especialista en pesca como lo es nuestro amigo y colaborador Marco Alacaraz Ley, que viajaría desde Manzanillo para una salida con otro buen amigo de nuestra revista, el reconocido Cap. Anthony Mendillo. La idea era disfrutar una buena jornada de pesca, y posibilitar el encuentro y el intercambio de experiencias de estos grandes hombres de mar. Aprovechando la visita de Marco, se pautó además para el último día, una conferencia sobre pesca y el cuidado de los recursos, actividad que también contó con el esfuerzo y el apoyo  del Fideicomiso, que hizo que viajaran pescadores de varias ciudades para participar y cerrar con broche de oro, nuestra estancia en la isla.

La mañana nos amaneció medio nubosa, pero un mar calmo nos anunciaba un día tranquilo, aún sin ser de las mejores temporadas de pesca por la ausencia de las famosas bait balls (enormes cardúmenes o “bolas” de sardinas, que atraen al pez vela a estas aguas), así y todo el capitán nos comunicó que intentaríamos encontrar algún vela o marlin, según se fueran mostrando las condiciones en aguas abiertas.

Llegué al muelle de noche, quería disfrutar de nuevo cómo se va engranando la maquinaria del servicio del “Keen M”. Aún oscuro llega al muelle quien desde hace años se encarga de toda la limpieza del barco, avituallar las hieleras con sándwiches, frutas naturales, galletas, dulces, refresco, aguas, etc. Más tarde se incorpora el mítico “Gallo” marinero que comparte las faenas con el capitán, y su amigo desde más de una década; hombre  que de solo verlo se percibe que sabe lo que hace.

“Gallo” se encarga de toda la logística con los avíos y carnadas, preparando los carretes, revisando o reponiendo los líderes, ajustando los “drags”, hasta ir dejando todo el ajuar listo en lo que pareciera un ritual que debe terminar antes de las 7 am, hora de arribo de Anthony que después de saludar a todos da las últimas instrucciones, no sin antes revisar con minuciosidad casi enfermiza, todos los detalles a bordo… da gusto ver toda “la maquinaria” en acción, donde se hace evidente las enseñanzas del capitán y el nivel de exigencia por lo que esta empresa se ha ganado tanta fama durante años en muchos medios especializados del mundo, por brindar un servicio de primera y unas jornadas de pesca en verdad memorables.

Se me hace justo destacar las atenciones que tuvimos durante nuestra visita de la oficina del Fideicomiso y Álvaro Magaña, su director. Siempre preocupado porque todo saliera según su agenda, revisando cada momento lo que había planificado para garantizar las mejores condiciones para nuestro trabajo. En el muelle mientras esperábamos la orden de abordar conversamos sobre ello, sus proyectos, y el desarrollo que desde hace muy pocos años se ha puesto de manifiesto en Isla Mujeres, sobre todo apostando por el intercambio con las mejores agencias de viaje, una mercadotecnia dirigida a un “target” específico a través de los medios adecuados y un manejo de los recursos muy eficiente que sin duda, le está cambiando la cara a esta hermosa Isla –que insisto- huele “muy” a México, y huele muy bien. Nos despedimos de Álvaro que por sus compromisos no pudo abordar, había llegado desde temprano para cerciorarse que todo estaba según lo planificado y desearnos una buena jornada y para atestiguarlo, incorporó un camarógrafo que formaría a partir de ese momento, parte del equipo.

El clásico ¡Let´s Gooooo! llegaba desde la torreta exactamente a las 7:30, hora pactada para salir  a aguas abiertas.

Apenas 15 minutos de navegación y se abrían los tangones para darle línea a las llamadas sombrillas, especie de arreglo que a través de varillas que se encuentran unidas al centro como radios, simulan un pequeño cardumen que viene por debajo de la superficie y que en este caso estaba compuesto por lisetas y ballyhoos arreglados por “Gallo” al llegar en la mañana. Encima y rompiendo el espejo de agua los acostumbrados calamares o “teasers” en colores muy llamativos, que nadaban de los tangones a ambos lados de la embarcación. Más atrás venían dos líneas con carnada, dos más cerca desde los extremos, dos desde el centro y dos líneas más con ballyhoos, que el mismo Anthony controlaba desde su torreta.

A los pocos minutos la alerta lanzada desde lo alto por el capitán avisaba de un ataque de un vela a una de las carnadas que viajaban bien atrás, sin lograr engancharse… “puro coquetear” según el decir del mar. Más adelante sucedía lo mismo, los ataques eran aislados y muy esporádicos lo que nos pronosticaba una mañana bastante tranquila ¡demasiado! para quienes esperábamos en algún momento que empezara la acción, acción que llegó con un buen chillar de uno de los TLD-20, doblando la caña para que las máquinas dejaran de rugir. Un atún no muy grande pero peleón fue izado por Marko, y minutos después Manuel subía el segundo, que pronosticaban un buen comienzo.

Después de un buen rato y estando apoyado en la popa, el carrete a mi lado comienza a cantar por lo que a una sugerencia de Marko, yo tomo la caña. Las máquinas en neutro y una primera corrida me pega al borde de la popa, me colocan la pancera y sin saber aún de qué se trataba comencé a tratar de recobrar. Atún no era, ni vela ni dorado porque hubieran brincado… hasta que después de algunos minutos de pelea se oyó la voz del capitán:¡wahoo!. Pasó varias veces por debajo de la lancha, obligándome a meter la caña en el agua hasta que se pudo cansar para que “Gallo” con el bichero pudiera subirlo, acción que aseguraba para la noche y a sugerencia del propio Anthony, la mejor cena que disfrutamos en la isla.

Se puso rumbo norte y en minutos, al parecer siguiendo unas marcas en el fishfinder, Anthony maniobró para que nos situáramos sobre un cardumen de atunes que verdaderamente nos hicieron la mañana. Manuel traía enganchado el primero y después de subirlo, se enganchaba otro, y otro hasta que llegó el momento que Marko, Manuel, Gallo y yo estábamos a la misma vez recobrando línea, todos en la popa pasando uno por debajo del otro, acomodándonos, según la dirección de cada pez, en lo que parecía más un baile que una fiesta de atunes… ¡qué buena experiencia pudimos compartir todos juntos y aun que el atún no es de las especies que siempre se buscan, no hay duda que cuando se encuentran, alegran la jornada.

En lo que comentábamos lo ocurrido, Gallo ya había preparado de nuevo todas las cañas con carnada nueva, y de nuevo todas las líneas al mar...

Se avistaron algunos cardúmenes lejanos, pero pequeños. Otro ataque de vela por el tangón derecho nos ponía de nuevo en alerta y de nuevo fallida, solo golpetear la carnada para después abandonar el intento. Las condiciones del mar –nos comentaba Marko, eran las mejores para que un buen marlin o vela atacara eficientemente, sin embargo otro nuevo intento por la misma zona, nos dejaba con las ganas. El mar hecho un plato, el sol aunque se apagaba por momentos nos regalaba unos azules impresionantes y aguas calmas, que eran rasgadas por decenas de peces voladores que al parecer salían de abajo de la lancha, dejando una estela sobre el espejo de agua para hundirse metros más adelante en lo que otros “despegaban” desde muy cerca evitando el encuentro con la embarcación.

Anthony desde su torreta buscaba con los prismáticos, se sabía que no era la mejor época pero las condiciones eran buenas...solo nos quedaba insistir. Hubo cambio de carnadas, se cambiaron algunas distancias y la disposición de las líneas, para retornar sobre el perímetro de los tres ataques, hasta que después de casi una hora, un grito del capitán rompía el silencio…. ¡Attack in the line of outrigger ... It´s a sailfish! y en el menor tiempo posible, ya Marko ocupaba la caña en lo que le colocaban el cinturón de pelea…¡ahora sí! y al parecer como pudimos ver en el segundo salto el vela  estaba bien enganchado.

Ver al vela saltar siempre impresiona. Cabeceando, doblando el cuerpo, o saliendo del agua casi “caminando” sobre la cola para avanzar tres o cuatro metros sobre la superficie, como si bailara sobre ella… y por supuesto las cámaras sin dejar de sonar. Poco a poco el trabajo de Marko lograba acercar el pez, que insistía en sus saltos trasladándose de babor a estribor varias veces, hasta que se dejó traer con menos resistencia hacia la popa, donde fue izado por su pico con mucho cuidado. Al menos ya teníamos registrado uno -el primero- porque aunque hubieran más capturas, las reglas a bordo de la Keen M, solo permiten subir un ejemplar para hacerle fotos, se fotografía lo más rápido posible y se devuelve de inmediato. El resto de las capturas deben liberarse en el agua para evitar cualquier daño posible al pez vela, especie que el Cap. Anthony Mendillo respeta y  protege tanto, que lleva casi dos décadas ofreciendo los servicios de su pesca sin ningún ejemplar muerto, y ello se respeta, se asume y además se aplaude.

Cuatro atunes más cerraban el día que sin ser una jornada de las mejores, podíamos catalogar de productiva. Llegando al muelle estaba Álvaro esperándonos, pendiente de todo, lo que aprovechamos para  la foto del recuerdo, donde aparecemos de derecha a izquierda: Manuel Solís director de Troleo, Marko Alcaraz, nuestro huésped distinguido, el Cap. y amigo Anthony Mendillo, nuestro anfitrión, el director del Fideicomiso de Turismo de IM Álvaro Magaña, más un servidor. Compartimos con Álvaro las vivencias del día y quedamos en vernos en la noche para disfrutar nuestra pesca-cena donde quedó pactado para el día siguiente, otro día de pesca.

Apenas abandonamos el “Keen M” comenzaban las labores de limpieza, para garantizar que el barco estuviera listo para el día siguiente que según comentarios, debería resultar mejor.

Antes de subir al hotel recorrimos las playas llenas de bañistas por doquier, algunos jugando volleiball y otros aún disfrutando del mar. El sol menos fuerte, no podía ofrecer pretexto mejor.  El ambiente se brindaba tranquilo -casi- familiar en lo que el cielo comenzaba a teñirse de naranjas, que se intensificaban a medida que pasaba la tarde. Entre las palmeras, otros buscaban algún rincón desde donde “robarle” la mejor imagen al atardecer, algo que en estas aguas, en particular sobre el poniente, siempre es garantía de un espectáculo sin igual.

Si durante el día Isla Mujeres es hermosa, no sabría cómo describir las noches. Caminar las calles ya sin el calor habitual, llenas de luces de colores y cielos limpios, es  llenarse de energía para olvidarse del cansancio. Contagia tanto color y como dije al comienzo: enorgullece mucho tanto México.

El ambiente es relajado y muy tranquilo donde decenas de buenos restaurantes ofrecen menús de todo tipo, sin el hostigamiento de otros destinos donde casi sientan al visitante de la mano. Vale la pena salir del hotel para disfrutar las múltiples opciones que ofrece la isla, donde se puede caminar con toda la seguridad posible para toparse siempre caras sonrientes y visitantes complacidos, tanto, que pareciera que la pequeña ciudad no duerme y donde en verdad: no vale la pena dormir.

Amanecer y caminar por las calles aún medio oscuras es una sensación que se torna un privilegio en esta tierra. Me dirigía  por un café a una de esas tiendas que nunca cierran, el olor inconfundible y la invitación franca me hicieron sonreír al punto, que cuando llegué al puestecito de donde provenían los olores me dijo el señor después de darme los buenos días: “¿Amanece contento Don?” respondiendo: ¡No sabes cuánto! y después de darme cuenta de dónde estaba, llegaba la mejor parte -Me da una torta de cochinita pibil y otra de lechón… sí sí, con su pedacito de cuerito por favor... ¡Increíble! que en medio de la nada, o mejor dicho de la avenida principal de la isla, me topaba con el mejor desayuno que se me puede ofrecer en mi querido Yucatán… por lo que el día no podía empezar mejor.

Abordamos a las 7 de la mañana. Unos minutos después despegaba el Keen M del muelle, en el que nuevamente Álvaro nos despedía con su ya habitual: ¡Buena suerte muchachos! Se puso proa norte rumbo a la zona de pesca y en busca del tiburón ballena. A bordo todos se colocaban sus trajes, se probaban las chapaletas y los visores, la emoción se notaba y tuvo su clímax cuando Anthony señalando un poco más adelante, comentó después de bajar sus prismáticos: ¡allí están... y son cerca de 200!

Nunca sabré si puedo trasmitir lo que tenía delante de mí.  Muchas bocas inmensas, abiertas, paseándose en un agua cristalina y limpia. Iban y venían pegados a la borda; confiados, tranquilos, para regresar nuevamente lentos y majestuosos.  Subí a la torreta del capitán para poder fotografíar desde lo alto... con razón –pensaba- es uno de los atractivos más requeridos y disfrutados por el turista extranjero o el visitante mexicano, porque no se concibe tanta belleza en su estado más natural, a solo metros de distancia.

Eran tantos que pareciera que chocaban. Los nadadores que estaban en el agua casi eran tocados en la espalda por otros que pasaban, y dividiéndose en la columna de agua, más abajo, navegaban mantas gigantes aliméntandose igual del plancton. Estas abren la boca para que el plancton se quede en sus branquias, que poco a poco irá consumiendo durante horas debido a su tamaño. La mejor noticia la daba Marko desde al agua: uno de los ejemplares de tiburón ballena tenía un rastreador satelital pegado a su aleta dorsal, lo que mostraba que desde algún punto o base se venían registrando sus rutas y conductas, algo que ciertamente nos llenó de alegría porque significa que se está trabajando en su cuidado y preservación.

No sé si hubiera preferido quedarnos allí todo el tiempo, pero sentía que le invadíamos “el comedor” a estas hermosas criaturas y como todo lo bueno se termina, se dio la orden de abordar y en lo que cada quien dejaba salir la adrenalina contando su encuentro, poníamos rumbo al noreste para dejar caer de nuevo las líneas en el agua.

El mar cada vez se aplanaba más y el viento no se dejaba sentir, tampoco había aves en ninguna dirección, por lo que se trataba de ubicar al menos alguna corriente que delatara un cambio de dirección del agua o de profundidad... pero no, no quería. Así navegamos cerca de dos horas, solo maravillados con un paisaje que si bien infundía mucha paz, nos traía inquietos esperando la acción, mientras Marko y Anthony en la torreta de la “Keen M” compartían sus experiencias…

-¡Right, right...  the center lines... come on it’s a sailfish! se oyó desde lo alto, en lo que Marko terminaba de bajar de la torreta. Gallo le entregó la caña para que en menos de dos minutos se destensara la línea… ¡no podía ser… lo teníamos!... pero sí ahí estaba!!!! sólo que al parecer corrió  unos metros en dirección a la lancha… ¡¡no se había soltado ¡¡allí estaba de nuevo!!, saltando a casi cincuenta o sesenta metros mientras que Marko trataba de recobrar lo posible. Nos sorprendió que mientras se recogían las cañas, otra de las líneas del tangón se tensó haciendo sonar otro carrete y en lo que levantamos la vista, se vio saltar otro vela…-¡hay otro, hay otro! gritó Gallo señalando a estribor…. Pues sí, teníamos dos velas enganchados. Marko peleando uno y Manuel el otro ¡adrenalina pura! –diría un buen amigo- mientras el camarógrafo y yo tratábamos de seguir ambos peces, lo que me provocó incluso fotos fueras de foco ¡Bendita Isla Mujeres carajo,  siempre llena de sorpresas!

Poco a poco llegaban a la popa, por suerte las líneas nunca llegaron a enredarse a pesar de que ambos peleaban casi uno al lado del otro, hasta que fueron liberados por Gallo con la maestría de siempre. La alegría corría por la cubierta, Anthony feliz desde su tribuna diciendo en su poco español característico… ¡fue bueno, fue muy bueno! y todos con la adrenalina a flor de piel. Se decidió volver a poner las líneas en el agua, esta vez con carnada y se lanzaron de igual manera unos Pakulas, de los que siempre carga Marko... siempre que se acerca al mar.

A poco más de veinte minutos otro de los TLD comenzaba a llorar, corrí a dejar mis cámaras  en lo que Gallo me ofrecía la caña. Dos que tres buenas corridas hasta que llegaba el veredicto: un hermoso y colorido dorado pendía de mi línea, que pude disfrutar mucho y lograr subirlo sin contratiempos. Aunque pequeño era mi primer dorado, una hembra muy peleonera. Se intentó con el segundo que como casi siempre, nadaba cerca, pero no comió alejándose de inmediato, pero los que comenzaron a comer de nuevo fueron los atunes que nos propiciaron otra buena fiesta ya casi al final del mediodía, seis, siete, ocho, nueve, diez... y se perdió la cuenta de las “sandías”-como le dice Anthony- pura diversión para cerrar la tarde ¡y que tarde!.

Se impuso el regreso por unanimidad, más temprano que el día anterior lo que garantizaba un buen descanso en la noche  por qué además: no nos podíamos quejar. Llegamos al muelle aún con buen sol para caminar antes del baño, y disfrutar de la playa donde todo era alegría para los turistas y paisanos.

Desde otro muelle algunos avezados se divertían con jureles y barracudas que según supe, son presencia constante en esas aguas y que capturan con sardina viva y línea de mano.

Después del baño, fuimos a cenar a otro excelente restaurante invitados por Álvaro, que no cesaba de contestar las llamadas por la conferencia de Marko, lo que mostraba buena expectativa por el evento de la mañana siguiente. Supimos de pescadores que viajaron para cruzar a la isla desde Mérida, Cancún y Playa del Carmen además de los lugareños, ello habla de la necesidad de estos encuentros, que siempre que se promocionen, no importan las distancias, los pescadores asisten porque hay mucha ausencia de información, y no siempre un Marko Alcaraz puede atravesar el país para una charla, como no todos los Fideicomisos, lamentablemente, se preocupan por ello...

La conferencia convenida para la mañana del domingo fue todo un ejercicio para aprender y compartir entre todos, con alguien de mucha experiencia sobre los oficios y el arte de la pesca; los asistentes, llegados algunos desde muy lejos y viajando desde la madrugada tuvieron la oportunidad de escuchar y preguntar en un hermoso escenario (la marina Capitán Dulché) sobre el uso de señuelos, las líneas, las diversas opciones de troleo y compartir con nuestro invitado más de 3 horas que no bastaron, pero fueron suficientes para sellar con broche de oro nuestra visita.

Un pequeño grupo de participantes se quedaba para preguntas más específicas, compartiendo al final a modo de despedida una foto del grupo y su anfitrión.

Culminábamos tres días excelentes de buena pesca y nuevas experiencias por lo que agradecemos nuevamente las atenciones de Alvaro Magaña y su oficina del Fideicomiso  de Turismo de Isla Mujeres. Al capitán y amigo Anthony Mendillo, a su tripulación y hermosa familia que siempre nos reciben como en casa, y a Marko Alcaraz –el buen Marko- como le decimos muchos, por su tiempo y formar parte del sencillo aporte de nuestra publicación a esta pequeña gran isla, llena de gente buena, con ganas de trabajar y de sacar adelante este destino. Destino que seduce con su encanto único y peculiar al visitante que llega, como sedujo “la trigueña”, según la leyenda, a aquel comerciante venido desde lejos, con la diferencia que a pesar de la hacienda, los regalos y el empeño, el visitante, nunca pudo lograr su amor.

martes, 25 de agosto de 2015

El bueno, el malo y el tucunare



Por: David Mailland

 En el clásico filme del oeste de 1966  “El bueno, el malo y el feo”, del director italiano Sergio Leone, el actor  Elli Wallach caracteriza magistralmente al “feo”, cuyo nombre completo en la cinta es Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, mejor conocido como “Tuco”, un arrojado bandido sin escrúpulos que manejaba magistralmente la pistola.

Si comparamos al “Tuco” con un pez de agua dulce, éste sin duda sería el tucunaré, un ejemplar tenaz,  a menudo conocido por su agresividad y espíritu de lucha,  bastante malicioso hacia su presa, incluso de su propia especie . Así como el Tuco en el salvaje oeste, el tucunaré vive en un mundo duro, donde sólo sobreviven los más aptos: en las aguas oscuras y sombrías del caudaloso Río Negro en el Amazonas.

Un escenario grandioso

El viaje comenzó en el río Padauirin un afluente del río Negro, cercano a la frontera con Venezuela, con el guía de pesca franco-brasileño, Ian Arturo. La inmensidad de la selva amazónica  es simplemente increíble. Su amplitud se extiende tan lejos como alcanza la vista; esto es algo que confirmamos durante el vuelo de Barcelos a Manaos donde admiramos desde 900 metros de altura las antiguas y fastuosas construcciones y la enorme reserva indígena del río Conumá, en un viaje que nos llevaría a abordar nuestro barco para comenzar a navegar por el Río Negro.

En cierto modo, la escena durante el trayecto en el río Negro fue totalmente surrealista al ver como el buque trazaba su camino en siluetas por los laberintos entre varias islas y lagunas interiores hasta detenerse  en el primer punto de pesca en un largo viaje. Si bien son algunas horas, los paisajes y la adrenalina de la inminencia de la pesca lo transforman en una travesía rica y expectante.

Al igual que en alguna de las bandas sonoras del compositor Ennio Morricone, pudimos escuchar al llegar como fondo musical, un profundo silencio natural  interrumpido en ocasiones  por intermitentes canciones de algunos pájaros, el zumbido de insectos,  las llamadas a distancia de los monos y el sonido discreto de nuestros señuelos al bailar sobre la superficie del agua del río Negro que tiene una coloración marrón oscura y de alguna manera asemeja una taza de té negro recién hecho.

Científicamente hablando, el color oscuro proviene de la descomposición de los ácidos húmicos que contiene la vegetación que nace en los claros de arena. A pesar de la coloración, la visibilidad bajo el agua es buena y se puede ver claramente pasar en el fondo peligrosas rayas de agua dulce y pequeños bagres bigotudos.

Los días que pasé en el Amazonas con Ian y su equipo, han sido parte de una experiencia inolvidable.  La pesca, la hospitalidad de mis anfitriones y el hecho de estar a bordo de nuestro gran bote “el Kalua” en medio de esa majestuosa selva, hicieron todos mis días asombrosos y un viaje absolutamente increíble, como la vez que visitamos a un grupo de nativos  en una de las aldeas llamada La Esperanza, para pedir que se nos conceda permiso para pescar en sus aguas, lo que resultó en una de nuestras mejores pescas.

En la mayoría de los viajes hacia los puntos importantes, los guías a menudo tienen que abrirse camino con machetes y motosierras debido a la espesura de la selva. Fue un trabajo agotador pero muy gratificante por las capturas obtenidas. Los descansos entre los lances nos daban el respiro necesario para pelear palmo a palmo con los tucunarés y aprender más sobre las diferentes formas de vida en la selva. Recuerdo por ejemplo, cuando Ian me mostraba el látex lechoso de la corteza de un árbol de caucho,  principal producto de exportación de Manaos para el mundo.

Sin duda, también es un lugar espectacular para los pescadores con mosca que buscan en el Amazonas un lugar gratificante para la pesca del tucunaré de todos los tamaños. De hecho, Ian  dio una demostración de fly fishing que terminó con la captura de un número bastante grande de peces con relativa facilidad.

Colorido embajador del Amazonas.

El tucunaré (el famoso Peacock Bass) fue la especie objetivo del viaje. Se considera en Brasil como el embajador del Amazonas, por ser la especie que más pescadores internacionales atrae a sus ríos, especialmente de Estados Unidos, Japón y algunos países europeos. Es un pez de enorme valor deportivo por sus espectaculares ataques pescando sobre todo en el espejo de agua con señuelos de superficie, así como por su gran fuerza y velocidad, que unidos a sus llamativos colores, lo convierten en una de las grandes presas de agua dulce a nivel mundial.

Los peces adultos pueden superar los 10 kgs. (el actual récord IGFA es de 29 libras) y nosotros, a pesar de no atrapar ninguno que tuviera el peso para batir algún  récord,  tuvimos la fortuna de pescar algunos serios ejemplares de entre 4 a 6  kgs. , de esta especie maravillosamente coloreada por la naturaleza.

La mayoría de las cosas que he leído sobre el tucunaré en las revistas de pesca resultaron ser ciertas. Este pez es un luchador tenaz y pelea “sucio”. Al detectar el peligro cuando está enganchado,  instintivamente mueve la cabeza violentamente para zafarse el señuelo y muchas veces logra conseguirlo sin dificultad, Si logra su objetivo, es casi imposible atraparlo de nuevo. Esto, sin contar con los grandes tucunarés que son los campeones de los anzuelos doblados, líneas rotas y  carretes que terminan en llanto.

Pensaba que el tucunaré, era un pez muy parecido a la lobina en su comportamiento, sin embargo, aunque su anatomía física es similar como su gran boca y  su afán por los señuelos de superficie, supe que la primera diferencia es que en realidad es un cíclido (familia de gran éxito evolutivo, mayormente de agua dulce, muy atractivos para la acuariofilia), contrariamente a la lobina. Transitando por el río me quedé pensando todo lo que un tucunaré tiene que sortear para prosperar en su entorno extremadamente agresivo rodeado de caimanes negros,  impredecibles aruanas, ejércitos de pirañas y el pez gato gigante que recorre las profundidades del río…definitivamente tenía que ser un pez sobresaliente y muy arrojado como el “Tuco”.

Tomando la decisión correcta

Un viaje a la Amazonia ofrece la mayor experiencia de vida para cualquier pescador de agua dulce.  En nuestro caso, un elemento crucial para poder hacer el viaje fueron los servicios de orientación prestados por la gente de Ian y la sabia elección de un guía experto que es muy  importante en el siempre tan dinámico cuenca del Amazonas, ya que los niveles de agua en algunos lugares de pesca puede variar enormemente.

Ian ha tenido años de experiencia de pesca en el Amazonas. Sus guías se encuentran entre algunos de los mejores  pescadores de la zona. Más aún, Ian disfruta de una buena relación con los nativos de varios poblados que a menudo le permiten acceder a  ríos donde a poca gente le permiten entrar.

Con nosotros iban unos  pescadores brasileños que pasaron  la mitad del tiempo en la captura de los bagres bigotones. También capturaron una piraiba de 50 kgs. y 3 surubis: los llamados bagres zebra, igual de buen tamaño.

Yo en lo personal experimenté por primera vez en mi vida un doble enganche en dos ocasiones en menos de media hora. La captura de dos peces con el mismo señuelo a la vez, es un encuentro bastante raro que nunca me había pasado antes. Pero lo mejor de las peleas vino de un tucunaré de 6 kgs. que se le “tiró” violentamente a un Lucky Craft  Sammy 128. El pez había seguido mi señuelo por más de 40 metros en uno de los lagos interiores, hasta que se le abalanzó prácticamente a un metro de la punta de mi caña, fue sumamente emocionante y la pelea... increíble!.

Muchos de nuestros lances  tuvimos que realizarlos a través de la profusa maleza que se levantaba alrededor nuestro. Para estos casteos bastante osados Ian usaba un ruidoso señuelo Amazon Ripper de Luhr Jensen de doble propela. Apenas prendíamos un tucunaré el guía maniobraba rápidamente para sacar el bote de entre el ramerío y así ayudar al pescador a tomar una ligera ventaja. La lucha es fantástica con este pez que no se cansa de dar un montón de saltos y giros alrededor del barco. Incluso cuando parece que está sometido, puede dar algunos sorpresivos tirones en una carrera  por su libertad.

El movimiento de atracción del señuelo debe hacerse ser muy rápido. “Nunca se es demasiado rápido para un tucunaré” –comentaba siempre Ian-.  Además me recomendó parar el movimiento prácticamente hasta topar con el barco ya que les gusta seguir el engaño y arrebatar de último momento, exactamente como me sucedió.

Varias  especies  pueden ser capturadas con caña y carrete, en especial los grandes ejemplares de catfish como la piraiba y el pirarara (red tail catfish), el surubí cebra, las aruanas, los agresivos dog fish,  picudas de agua dulce y las grandes pirañas negras.

El mundo se divide en dos clases de personas...

Los que preparan su viaje y los otros. Para este viaje, las especies objetivo no eran otras más que los tucunarés grandes y en mi equipo de pesca llevaba carretes de baitcasting cargados con línea trenzada de 40 libras con un ratio de 7:1, (una relación de transmisión que permite pescar con señuelos de superficie a altas velocidades), líder de 50 libras de fluorocarbono  y cañas de 7 pies de 30 libras y todo funcionó de maravilla. Por cierto, no hay que olvidar la pinza de sujeción de boca de buena calidad como el de la marca Eastaboga Tackle, muy importante para evitar lesiones en el manejo de los peces.

En cuanto a los anzuelos, los informes y artículos que había leído antes de este viaje recomendaban los Owner  ST-56 3X. Me aseguré de que todos mis señuelos tuvieran esos ganchos y no tuve nada de que arrepentirme. De los señuelos llevé algunos de los que yo uso en Francia, como los Lucky Craft  B’Freeze 128SP peacock colors , el Sammy 128SP white, el Candy Flashminnow  130MR sardine que  me dieron muy buenos resultados. Además yo recomendaría una visita a la tienda de pesca local “So Pesca” ubicada en el puerto de Manaos.  Esta tienda tiene una buena variedad de señuelos de manufactura brasileña especiales para los tucunaré.

Ian nos comentaba al final del viaje que tiene planes para ofrecer servicios de renta de equipo de pesca muy pronto para sus clientes. Esto ayudaría a una ahorrar unos buenos dólares que se pagan para el traslado del equipo deportivo en los vuelos y una carga menos para nuestras manos.

Para aquellos que quieran hacer su reserva para pescar con Ian y su gente, es aconsejable contactar con él directamente para comprobar la disponibilidad de hospedaje. Un dato importante es que las aguas del Río Negro son muy ácidas y su elevado PH evita la proliferación de mosquitos pero no de algunos insectos inofensivos que en la noche son atraídos por la luz artificial.

Mi viaje al Amazonas me confirmó una vez más que el tiempo no se mide en dinero, sino en amaneceres y atardeceres y la selva misma se convierte en una vocación democrática en la medida en que es el lugar donde el tiempo de cualquier ser vivo es valioso y donde el sentido del tiempo se ajusta a los ritmos naturales de la vida misma....nos vemos en el próximo reporte para Troleo, en alguna parte del mundo.

lunes, 24 de agosto de 2015

El 1-2-3 del catch & release



Por: Angel Luis Requejo

Durante la última década poco a poco ha ido cambiando la mentalidad de la mayoría de los pescadores deportivos, lo que antes considerábamos como una excelente pesca o marea (donde siempre terminábamos regalando el pescado a familiares y vecinos), ahora se está llegando a considerar como un insulto al medio ambiente y a nuestro deporte favorito: la pesca deportiva.

La pesca de captura y libera o el “Catch & Release” (C&R),  es una práctica que sin lugar a duda es el camino a seguir. Para que la pesca deportiva se considere sustentable es indispensable mantener y restablecer a niveles óptimos las comunidades de las especies a ser capturadas. Esto significa, mantener la integridad del ecosistema considerando todos los aspectos biológicos, tecnológicos, socioeconómicos, ambientales y comerciales. Esto se logra cumpliendo todas las leyes y normas nacionales e incluso algunas internacionales en caso de especies migratorias.  Pero la triste verdad es que poco a poco se han ido acabando estos invaluables recursos.

El problema es muy complicado pero por algún lugar tenemos que empezar, y qué mejor que liberando especies que no se consideran buenas para comer o especímenes muy chicos que todavía no alcanzan la madurez sexual, por ende, todavía no han tenido oportunidad de reproducirse.

La pregunta que la mayoría de los pescadores se hace cuando liberan un pez es: ¿vivirá?... la finalidad de este artículo es el ilustrar al lector de una manera rápida y práctica, sin entrar en detalles científicos, sobre las formas correctas de la manipulación de los peces para disminuir la mortalidad de los mismos una vez que han sido liberados.

Para fines prácticos he resumido este proceso en tres pasos:

1 Pegando el pez a la embarcación

Una vez que el pez toma el cebo o señuelo, es muy importante que el pescador decida si lo va a liberar o no (esto aplica sobre todo en especies como el sábalo, el gallo o el pez vela, cuya carne no es considerada de buena calidad), para tratar de estresar al pez lo menos posible durante la pelea y cuando sea arrimado a la lancha, esté completamente exhausto disminuyendo las probabilidades de que viva después de liberado.  Esto se puede lograr no utilizando equipos  ligeros y hacer la pelea lo más corta posible para evitar el desgaste innecesario del pez.

Los signos de estrés en los peces son muy evidentes, en la mayoría de las especies se ve una alteración de colores e incremento de mucosa en la piel. La manera más efectiva de tranquilizarlos es cubrirles los ojos con un trapo húmedo. La acidosis (el pH de la sangre baja drásticamente durante períodos de hiperactividad),  es la consecuencia más importante producida por el estrés. Al bajar el pH la sangre se vuelve más ácida, proceso que sucede en cuestión de minutos y es muy importante regresarlo al agua lo antes posible.

Una vez que logramos dominar nuestra captura lo más recomendable SIEMPRE SERÁ  quitarle el anzuelo EN EL AGUA y él mismo se irá nadando, minimizando lesiones al ejemplar y también evitando accidentes potenciales al pescador y/o tripulación. Ese es un excelente momento para una foto como la ilustrada.

En caso de ser necesario embarcar al pez, lo mejor es una red o salabardo para no utilizar ganchos que desgarren la piel y órganos del ejemplar al ser liberado. Otra opción para subirlo a la lancha es tomarlo firmemente del pedúnculo caudal o la cola.

No es recomendable subir las capturas con unas pinzas especiales por la boca ya que podríamos romper o desencajar la mandíbula y aunque veamos que el pez se va nadando seguramente no se podrá alimentar, sin mencionar que sostener el pez en vertical puede causar graves lesiones a órganos internos. 

En especímenes de mayor tamaño la mejor opción es deslizar una gasa por el pedúnculo caudal, de esta forma se neutraliza el sistema locomotor más importante del pez, subiéndolo a bordo sin dañarlo y con menos esfuerzo. Estas gasas se pueden hacer con una simple cuerda o comprarlas ya hechas se llaman “tailer” fabricado por AFTCO y cuesta alrededor de 100 USD.

2 Quitando el anzuelo

Para quitar el anzuelo a nuestra captura es muy conveniente contar con el equipo adecuado para evitar accidentes. Por desgracia he visto  cómo un amigo quedó anzuelado cuando un dorado sacudió la cabeza fuertemente y el anzuelo voló hasta su pierna.

Hay una gran variedad de pinzas, alicates y herramientas disponibles para “desanzuelar” en diversas tiendas de pesca y/o ferreterías. Estos pueden ser de aluminio, acero inoxidable y un sinfín de aleaciones.  De preferencia deben de ser delgadas y de punta alargada para poder introducirlas en la boca del pescado cuando sea necesario sin causar más daño de lo que el anzuelo ya ha hecho.

Las agarraderas deben de estar forradas de algún material que sea antiderrapante para poderlas sujetar firmemente y no se resbalen.

“Por experiencia recomiendo dar un jalón firme y seco para quitar el anzuelo ya que esto provoca menos desgarres a los tejidos de la boca que si lo hicieran lentamente”.

Lo más conveniente de acuerdo a la IGFA es usar anzuelos “japoneses” o “garra de águila” biodegradables como se ha escrito en muchas publicaciones, para evitar daños a órganos internos.

En caso que quisiéramos sacarnos una foto con nuestra captura es muy importante saber sostener o sujetar al ejemplar para evitar dañar los órganos vitales, sobre todo con peces de buen tamaño ya que están acostumbrados a un medio ingrávido. Al sacarlos del agua de repente, todos los órganos les pesan y esto puede causar hemorragias internas.

Lo correcto es sujetarlo con firmeza usando guantes de goma o en su defecto un trapo húmedo, teniendo cuidado en no meter los dedos en la apertura branquial. Con una mano sujetarlo firmemente del pedúnculo caudal o la base de la cola y con la otra sostenerlo por debajo de la mandíbula o debajo del área de la aleta pélvica, teniendo especial cuidado con depredadores dentados como las barracudas, petos y wahoos entre otros.

Es muy importante tener mucho cuidado al manipular al pez y no introducir los dedos por ningún motivo en la apertura branquial como ya comentamos. Es por esto que quiero dejar muy claro la función de las branquias ya que la mayoría de los pescadores no tiene idea de lo delicadas que son.

Las branquias son el órgano respiratorio de los peces, a través de ellas realizan el intercambio de oxígeno (O2) y dióxido de carbono (CO2) entre el medio interno y el ambiente. Si las branquias son dañadas esto limita exponencialmente la capacidad de recuperación, igualmente aumenta el tiempo en que el ejemplar se pudiese recuperar haciéndolo presa fácil de cualquier depredador.

Si la captura no la podemos sostener con las manos la mejor opción es abrazarlos y evitar tallar o sobar al pez. La mayoría de los peces están cubiertos por una capa mucosa que los protege contra la penetración de hongos, agentes patógenos, bacterias y parásitos. Esta capa protectora es sumamente importante porque también protege a la piel de la abrasión producida por condiciones inadecuadas del agua, tales como salinidad, pH, temperatura y materiales disueltos en ella.

Como dato curioso, mucha gente pregunta cuánto tiempo aguanta un pez fuera del agua sin tener algún daño y muchos expertos opinan medio en broma y medio en serio, que al momento de sacar un pez fuera del agua, el pescador aguante la respiración al mismo tiempo, cuando ya no pueda más, ése será el momento de regresar el pez al agua sin daño alguno.

3 A la hora de soltarlo

Después de haber embarcado, quitar el anzuelo y sacar las fotografías pertinentes de nuestra captura, que lo ideal sería solo una o dos fotos para no perder tiempo vital, estamos listos para liberarla. No debemos dejar ir al pez inmediatamente, hay que oxigenar y estimular al ejemplar para que se pueda recuperar y alejarse nadando por sí mismo.

Esto se realiza sujetándolo una vez más por el pedúnculo caudal y dándole movimiento hacia adelante y hacia atrás en forma tranquila y pausada.

Muchas veces a la hora de estimular al pez es normal que le den espasmos, parecería que ya se recuperó, pero no debemos soltarlo hasta que empiece a recuperar el ritmo con la cola, poco a poco va a ir aumentando el ritmo  hasta que se vaya solo nadando.

La liberación de especies más grandes, como sábalos, túnidos y picudos es el mismo concepto pero de diferente forma. Por su mayor tamaño para poderlos oxigenar y estimular es necesario utilizar nuestra embarcación, agarrándolos de la mandíbula superior, en el caso de sábalos, o del pico en el caso de los picudos, poniendo el motor de la embarcación en avante (sin acelerar) permitiendo que el agua entre lentamente por la boca y pase a través de las agallas, simulando la forma natural de nadar del pez.

Mientras más grande sea el pez mayor tiempo se deberá de invertir en revivir al animal (oxigenándolo para aumentar sus posibilidades de supervivencia) o igual se puede cortar el leader lo más corto posible de la boca del animal dejando que el anzuelo se degrade y desintegre.

Es una sensación muy singular la que siente el pescador al liberar un  ejemplar que dió una gran pelea, mucho mayor que la sensación que se tiene después de haberlo subido a bordo y sacarnos una foto con él colgado en el muelle.

Más allá de todo reglamento, de toda ley y de toda ética, sabemos que liberar un pez es una decisión personal que mucha gente no comparte, yo lo veo como un concepto filosófico, que dignifica, porque no hay nada más noble que respetar la vida y más si se trata de la vida de un buen adversario.

domingo, 23 de agosto de 2015

Los colores en los señuelos



Por: Nicola Zingarelli
 ¿Y si el mundo fuese en blanco y negro?

Quizás para algunos peces el mundo realmente esté en blanco y negro y para otros a lo mejor tenga variaciones de color tal vez importantes. No obstante se trate de un tema de debate todavía abierto en la comunidad científica, al parecer, todavía no se ha logrado un consenso sobre su visión, si realmente distinguen los colores y sobre todo cuales son los que captan. Un argumento muy interesante para los pescadores que aquí intentaremos profundizar.


Sin querer entrar en el ámbito científico, que desde luego no me corresponde, recordaremos que la percepción visual en los peces así como en humanos y mamíferos aún en medida diferente, está en manos de las células cónicas y células bastón.

Las células cónicas son las que se encargan de distinguir los colores y las células bastón acumulan la luz. A toda lógica, un pez que pase la mayor parte de su vida cerca de la superficie tendrá más células cónicas y una mejor capacidad para distinguir los colores, mientras una especie bentónica o de gran fondo tendrá ojos con un número superior de células bastón. De hecho este último no necesita prácticamente para nada las células cónicas en cuanto los colores se van diluyendo poco a poco en la columna de agua.

La luz solar está formada por radiaciones de diferente longitud de onda que constituyen el espectro visible y estas radiaciones vienen a ser absorbidas, de forma distinta, por el agua del mar. Sabemos que las primeras a desaparecer serán las rojas y anaranjadas y las últimas las azules, por lo tanto tendremos peces que puedan distinguir cierto número de colores y otros que tendrán que apañarse con una vista bicromática e incluso monocromática, cediendo un puñado de células cónicas por unas bastones más sensibles a la luz y capaces de aprovechar hasta el más mísero rayo que pueda llegar a la profundidad en la que se estacionen.

Hay muchos y heterogéneos factores que influyen en la percepción visual de los peces pero de momento nos quedamos con este sencillo preámbulo, una base para ampliar el tema que vamos a tratar acto seguido: el color de los señuelos.

Una trama a menudo debatida en revistas, foros en internet, en los bares y entre pescadores y que difícilmente llega a poner a todos de acuerdo. Dudo mucho que exista una ciencia que con seguridad pueda ayudarnos a predecir el color ganador para cada ocasión. Al mismo tiempo tengo problemas en reconocer mi experiencia o la de los demás, como fuente de inspiración irrefutable para obtener más picadas pero tal vez debamos empezar por algo, una base donde fundar nuestras teorías. Pongamos manos a la obra y empecemos nuestra inmersión en este turbulento mar.

Un pequeño inciso. Me expongo al escarnio público afirmando mi “ingenuidad” en este argumento porque tengo el convencimiento, después de cuarenta años pescando, de no tener ninguna certeza para poder afirmar algo en modo contundente. Entonces les tocará leer muchos “podría ser”, “a lo mejor” o “quizás” y un sentimiento general de experimentación sin acabar, que es exactamente mi actitud sobre este espinoso tema. Arriesgándome a confundir y sorprender a los que leen este escrito anticipo que no estoy del todo seguro de “creer” en los colores de los señuelos.  Me explico mejor: por diferentes y probablemente equivocadas razones tengo cierto reparo en alegar que un jerkbait color sardina sea más eficaz de uno chartreuse. A parte de lo que haya podido experimentar personalmente, a menudo me he confrontado con excelentes pescadores igualmente torturados por mil dudas que me han expuesto teorías muy elaboradas que a veces encuentran una confirmación en la vida real, mientras otras se quedan en bonitas reflexiones cuyo valor final es bastante cercano a cero.

Donde todo el mundo converge es en el coctel de factores que se tienen en cuenta al momento de elegir el señuelo, que aparte raras excepciones, es el mismo para individuos que a lo mejor pescan a miles de kilómetros de distancia y en aguas imposibles de paragonar por diferencia en especies, temperatura o ambientes.

Volviendo entonces al jerkbait sardina y su homólogo chartreuse, la pregunta correcta debería de ser: “¿En estas condiciones de luz, con el agua de este color, el fondo tal y cuál y la presencia de este tipo de carnada... será más eficaz el jerkbait color sardina o chartreuse?”.  Si ahora nos ponemos a desmenuzar estos elementos y una vez separados los analizamos uno por uno, nos encontramos con una información más detallada que a lo mejor nos conducirá a diseñar un mapa más fácil de comprender.

La luz ambiente para nuestros expertos parece tener una relevancia capital al momento de elegir el señuelo y la regla que prácticamente todos unánimemente proponen se resuelve en una formula sencilla: alta luminosidad colores claros, luz escasa colores obscuros. Suena un poco como - “¡Yo Tarzán tu Jane! “ - pero aun siendo fácil de entender parece un contrasentido.

La idea es que todos los peces son muy sensibles al contraste más que a los colores, por lo tanto según las condiciones lumínicas habrá que buscar la mejor combinación entre el color del señuelo y el entorno en el que lo haremos trabajar. Al beneficiarse el pez pasto de colores que en su mayoría se confunden y se adaptan a las condiciones ambientales, ponerse a lanzar un señuelo naranja en aguas completamente transparentes bajo un sol brillante y con un fondo claro parece ser poco recomendable. En este caso lo que queremos evitar es crear demasiado contraste, con un cebo lo más natural posible para que atraiga los depredadores en lugar de asustarlos.

En una situación diametralmente opuesta, en otras palabras pescando de noche por ejemplo, con  peces que se van adaptando a la escasa luz y por consecuencia a la ausencia de colores y que han activado más células bastón que cónicas, tenemos que ofrecerles un cebo que puedan distinguir rápidamente sobre un fondo obscuro y que además puedan localizar con la ayuda de la línea lateral (elemento que analizaremos más adelante).

En este caso lo mejor es un señuelo muy obscuro que reduzca reflejos y transparencias y destaque contra el fondo del cielo apenas iluminado por la luna. Si hay mucha luna a lo mejor un señuelo más claro puede aprovechar algún reflejo y brindarnos alguna ventaja, sin embargo es muy importante tener el máximo cuidado porque el ojo del depredador, ya acostumbrado a la noche, podría captar un resplandor demasiado fuerte como una señal de peligro en lugar de un apetitoso bocado.

Además de colores claros y obscuros tenemos los fluorescentes, que curiosamente no pertenecen al diseño de madre naturaleza y que en determinadas condiciones funcionan muy bien.

Al parecer estos fantasiosos colores se ven potenciados por los rayos ultravioleta, que aún sin ser visible al hombre lo son para los peces. Estos rayos tienen mayor efecto en los días nublados por lo tanto, podría tener sentido utilizar señuelos fluorescentes justamente en estas situaciones, aprovechando su extrema  visibilidad inclusive desde largas distancias, siempre y cuando nuestro propósito sea el de forzar el contraste. Entonces el contraste, o la ausencia del mismo, se convierten en factores fundamentales a tener en cuenta al momento de seleccionar nuestros señuelos de manera adecuada. 

Recuerdo que pescando en la bahía de Cork en Irlanda con las lubinas que no querían abrir la boca, tomé la decisión de poner un T-Jerk color chartreuse, seguro de que iba a triunfar que en aquella agua más bien verdosa y con la marea que corría a la velocidad del rayo. Los peces necesitaban aprovechar al máximo su instinto para ver y sentir la carnada que venía arrastrada por la corriente y un color natural o un señuelo sin sonajeros hubiesen pasado desapercibido en el remolino de sedimentos.

Un amigo que pescaba conmigo con equipo de fly también tenía sus problemas para conectar con los bichos y al poner un streamer color chartreuse empezó a enganchar aquellas lubinas que hasta poco antes parecían ausentes.

Otro detalle que me hace rumiar, es la coloración de muchos artificiales que se usan en Australia para la pesca del Barramundi; unos señuelos pintados de pura fantasía donde rojo, naranja, rosa, amarillo y negro se combinan en rayas más dignas de una cebra bajo los efectos del LSD que de un señuelo de pesca.

Sin embargo existe una razón muy concreta para que estos señuelos sean tan poco miméticos: el Barramundi se pesca a menudo en las turbias aguas de los ríos y de los estuarios sobre todo cuando la marea baja rápidamente.

En esas circunstancias es necesario hacerse escuchar además de ver, por lo tanto hay que tener en cuenta los señuelos con paletas acentuadas que producen movimientos que emiten muchas vibraciones, los señuelos sonajeros que hacen su parte de ruido y los colores vivos que se encargan de crear contraste y visibilidad para que el depredador pueda localizar su presa entre fango y sedimentos a la deriva. Una técnica que posiblemente tenga la misma eficacia con su primo, el robalo, que acecha a sus presas entre las raíces de manglar de ríos verdosos y con escasa visibilidad.

Curiosamente, para los pescadores tropicales que lanzan poppers en aguas cristalinas del Índico o del Caribe, resulta que los colores más eficaces son los más llamativos. Abundan señuelos rosa, naranja, amarillos y con colores fluorescentes y la única razón que se me ocurre para explicar este caso tan especial es que la mayoría del pez pasto es también multicolor y además, al tratarse de depredadores muy territoriales y muy cabreados con el mundo, atacan el señuelo más que por hambre, para quitarse al intruso de en medio y reconquistar la paz en su feudo de coral.

Dicho esto también me gustaría matizar que en zonas con abundante presión de pesca los colores chillones pierden efectividad así como los señuelos muy grandes, y un planteamiento más “finesse” probablemente sería el más acertado.

La presencia de una especie determinada de pez pasto puede ser un elemento muy importante. Si volvemos por un instante a lo que apuntábamos antes sobre la pesca tropical, el color “fusilier”  por ejemplo, reproduce los colores de aquellos entrañables pececitos amarillos y azules, un manjar para los grandes depredadores del arrecife.

Por razones parecidas el color “sardina” es mítico y seguramente el más solicitado, se trata del pez más desgraciado de todos los mares comido prácticamente por todo el mundo y al jugar un papel tan decisivo en la dieta de los depredadores no puede faltar en nuestra caja. ¿Sin embargo hay alguien que pueda explicar como el rosa o el chartreuse, ilustres ausente en el diseño de la  madre naturaleza, puedan llegar a levantar tanto entusiasmo entre la población mundial de peces? ...

Volvemos entonces a entrar en un túnel del que es difícil salir con dignidad sin tener que inventarse historias que no se digieren ni con el bicarbonato. Mejor quedarnos satisfechos con lo que hemos podido compartir hasta este momento, dejando que unas pocas dudas sigan manteniendo viva nuestra pasión y nos brinden agradables sorpresas. 

Linea lateral.

 Un poco más arriba hemos escrito sobre la línea lateral, un sistema de captación de sonidos de baja frecuencia que ayuda al pez a moverse en su hábitat y detectar la presencia de enemigos o comida.

Esta especie de radar puede captar un ruido a 7 u 8 metros de distancia, y se hace muy preciso cuando la fuente se encuentra a menos de dos metros de distancia. La línea lateral colabora con los ojos y  es una herramienta indispensable para animales que se mueven en aguas turbias o muy movidas, normalmente equipados con una línea más desarrollada de los vecinos de aguas claras y tranquilas.

Es oportuno tenerla en consideración porque podría ser ella la que detecta nuestro señuelo y desencadene la picada antes que el pez pueda conectar con la vista y distinguir forma y color del artificial.

Conclusión.

Personalmente intento practicar la regla del mimetismo, dicho de otra manera, evitar que un intruso pintado como un marciano con sarampión esté nadando en un bando de robalos que se partan de la risa al verlo.

Colores claros o naturales con agua y cielo claro, y tonos que se van adaptando a las condiciones atmosféricas,  intentando acoplarse a ellas en lugar de alterarlas. Si me encuentro casteando sobre un fondo de arena buscaré colores tenues, últimamente estoy agotando las reservas de un artificial marca Molix, el “piper color Black/Gold” que parece embrujar depredadores de todo tipo en los bajos cubiertos de limo y arena.

Pescando al “ jigging” en un mar azul, con aguas claras y el sol que te abrasa la piel, siempre  buscaré el jig más delgado, blanco, sardina o rosa clarito como los Daiwa Speed Jig.

Sin embargo con el cielo encapotado  y el monzón que hace bailar el barco como una hoja seca, es factible que vaya a buscar un metal más gordito, con mayor superficie y de color obscuro, hasta negro si me queda alguno.

Es importante ser conscientes que no siempre tendremos a nuestra disposición el color perfecto, aquel con el cual nuestro amigo nos está metiendo una paliza de campeonato. Si nos falta ese en concreto tendremos uno parecido o a lo mejor no es el señuelo el que está sacando más peces, sino la manera en que nuestro amigo está trabajando el jig, el grosor de la línea que lleva, el leader de fluorocarbono o la caña que usa, que en esa ocasión le brinda cierta ventaja.

Este escrito no quiere dejar zancado el asunto de los colores de los señuelos, sería muy presuntuoso por mi parte creerlo, suma y sigue, a la espera de que corra más tinta y más especulaciones vayan aclarando puntos todavía obscuros. Yo por mi parte no dejaré de seguir experimentando y espero poder acumular experiencias interesantes para compartir con los lectores de Troleo.

jueves, 6 de agosto de 2015

Atún de aleta amarilla. El atún tropical más famoso y deseado del mundo


Atun-aleta-amarilla1

Atun-aleta-amarilla1
Texto: Roberto Ferrario.
Fotografías: Roberto Ferrario, IGFA, Olsen Damon, Alex Valdez, Josh Temple y Extremecoast.
Traducción: Gema Sustaeta.

Desde aguas templadas a tropicales, estos preciosos y poderosos peces dan a la palabra “atún” una excitación añadida. El atún de aleta amarilla es una especie tropical que, por suerte para los pescadores, es muy prolífico en muchas aguas templadas.

Estos fabulosos peces, están muy bien considerados en todos sus tamaños y en todos los lugares donde se pescan. Por lo general las capturas tienen lugar desde embarcaciones de consola central, en particular durante las horas de oscuridad, predominan las capturas con equipo pesado y all tackle.
Distribución geográfica
Los atunes de aleta amarilla se dan por todo el mundo en aguas tropicales y subtropicales, entre las latitudes 40ºN y 35ºS, excepto en el mar Mediterráneo.
El aleta amarilla es un objetivo de pesca deportiva en muchas áreas; se pesca en Baja California Sur, México y Hawai, así como a lo largo de toda la costa sudeste de los Estados Unidos, incluido el golfo de México. Otros lugares buenos son la costa este de África, las islas Seychelles, isla Mauricio y la costa oeste de América Central (Panamá, Costa Rica).
El atún de aleta amarilla es un pez muy migratorio; en el océano Pacífico, sin embargo, hay poca evidencia de su migración norte-sur o este-oeste. Esto sugiere un cambio genético relativamente pequeño entre el este, centro y oeste del océano Pacífico y quizá del desarrollo de subespecies.

Atun-aleta-amarilla2

Atun-aleta-amarilla2
Se trata de un pez oceánico y epipelágico, que vive por encima y por debajo de la termoclina; se encuentra generalmente en los 100 metros superiores de la columna de agua

Características y hábitos
El cuerpo es azul metalizado oscuro o verdoso por arriba, mientras que el vientre y la parte inferior de los flancos son blanco-plateados con franjas discontinuas transversales. Quizá su rasgo más inconfundible sea una franja de color amarillo dorado o azul iridiscente que recorre prácticamente todo su cuerpo. La segunda aleta dorsal, la aleta anal y las pínulas son amarillo brillante con los bordes negros. El pez más grande del que se tiene constancia tenía una longitud de 280 centímetros en total y un peso de 400 kilogramos.
El récord all tackle reconocido por la IGFA es de 388 libras y 8 onzas (176,4 kilogramos). Los atunes de aleta amarilla forman grandes cardúmenes. Su tendencia a agruparse con especímenes del mismo tamaño es mucho más fuerte que la tendencia a juntarse con otros ejemplares de la misma especie. A menudo nadan en bancos mezclados con skipjack, bigeye, y otras clases de túnidos. En la parte este del océano Pacífico, los aleta amarilla más grandes frecuentemente se unen en bancos con delfines. Tal asociación con los delfines no se ha observado en el resto del Pacífico, el Índico o el Atlántico.
Los bancos de aleta amarilla habitualmente se encuentran bajo objetos que están a la deriva tales como tablas de madera, cordajes viejos, botes o mamíferos marinos muertos. Hay muchas hipótesis sobre los motivos por los que se colocan bajo estos objetos, es posible que sean atraídos para alimentarse de presas más pequeñas que están buscando alimento bajo la estructura.
Los objetos flotantes proporcionan sombra y refugio. Podrían utilizarlos también como lugar donde depositar sus huevos o como “estación de servicio” donde se eliminan los parásitos unos a otros. También podría ser que viese el objeto simplemente como un lugar de reunión. Sea como fuere parece buscar de forma indiscriminada estos objetos.

Atun-aleta-amarilla3
Atun-aleta-amarilla3
Los atunes de aleta amarilla que se alejan de la superficie no suelen estar en bancos, tienden a dispersarse. Quizá hay menos beneficios de permanecer juntos en esos casos, ya que hay menos predadores y pocas razones para tratar de obtener comida a profundidad

Presión de pesca comercial
Estos túnidos son un objetivo muy popular en la pesca comercial. En los Estados Unidos sus capturas han crecido a casi un 45 por ciento de las capturas de atunes. En la superficie, se pescan principalmente usando la red de cerco y de enmalle. Con el sistema de la cortina, primero se rodea un banco con una red muy grande, el fondo de la red se cierra, se tira de ella para subirla al barco y las capturas se sacan de la red reabriendo el fondo de la misma una vez que ésta se encuentra fuera del agua.
Este método está orientado a “mantener a salvo a los delfines” según la legislación pesquera del atún. A finales de 1950, los pescadores del este tropical del océano Pacífico empezaron a explotar la tendencia que tenía el atún de aleta amarilla a juntarse con delfines. Cuando los delfines eran llevados a la superficie, los pescadores los rodeaban con sus redes de cerco con la esperanza de que los atunes se reuniesen con estos justo bajo la superficie.
Al principio, hacían un pequeño esfuerzo para liberar a los delfines, que no tenían ningún valor comercial. Los delfines terminaban quedándose enredados en las redes y morían ahogados. Cientos de miles de delfines fueron asesinados cada año por este método. La industria pesquera actual con sede en Estados Unidos y otras naciones, de acuerdo con los intereses conservacionistas y de los consumidores, está ahora trabajando para reducir o eliminar las capturas de delfines.
Las pesquerías también tienen como objetivo al aleta amarilla, con base principalmente fuera de Japón, Corea y Taiwán. Mientras que éstas operan por todo el mundo, la mayoría de las capturas de atunes de aguas profundas se realizan al oeste del Pacífico. En muchas regiones, especialmente en las islas del océano Pacífico, el atún de aleta amarilla todavía se pesca con anzuelo y sedal.
Pescando atunes de aleta amarilla
Donde quiera que se encuentren, los yellowfin responden bien tanto a los peces vivos como a los muertos, ya sean enteros o en trozos, como cebo o carnada. Los mejores resultados los obtienen los pescadores que preparan bien sus cebos y no se limitan simplemente a poner el cebo y a quedarse dormido esperando a que pique alguno. Los cebos se deben lanzar con cierta regularidad y los cebos vivos deben de estar activos. Si no pica ninguno en un tiempo razonable o si nada muy lentamente, el cebo vivo debe de ser reemplazado. Es increíble la rapidez con la que un cebo es enganchado cuando se hunde justo después de ser lanzado, en particular si esto coincide con unos cuantos trozos. Los grandes ejemplares que nadan con seguridad, alimentándose y dominando su medio ambiente, tienen una vista increíble.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La pesca desde kayak en el mar



Publicado por: jmsanchez  21/01/2015 en Pesca desde embarcación, Pesca en el Mar

Recomendaciones de interés para pescar desde kayak en el mar
Pesca-desde-kayak
Autor: Antonio Pradillo Carrasco

La práctica de la pesca desde kayak en el mar no es en absoluto descabellada, y prueba de ello es el aumento espectacular de las ventas de estos elementos en los últimos años, gran parte destinadas a su uso en la pesca deportiva; pero antes de lanzarnos con un kayak al mar debemos tener claras unas cuántas recomendaciones que no conviene olvidar

Intenta ser visto
Como norma general, recomiendo encarecidamente el uso de kayaks de colores extremadamente vistosos. Una piragua es muy baja y poco visible en la lejanía para las embarcaciones a motor. En ese sentido, es también aconsejable llevar un silbato o una bocina de aire comprimido muy a mano.

Póntelo, pónselo
El chaleco salvavidas es de uso forzoso. Cierto es que en caso de vuelco el mejor salvavidas es el propio kayak (en autovaciables), pero el chaleco nos puede salvar la vida si caemos por un desmayo repentino, manteniendo nuestra cabeza fuera del agua. En caso de vuelco nunca debe abandonarse la piragua.

Mejor no dejar cabos sueltos
Todo lo imprescindible debe estar bien atadito al kayak (en especial el remo), pero hemos de prestar atención a las marañas de cuerdas. Cabos sí, pero los justos.

Con la espalda no se juega
Si hemos de caminar por la playa hasta el agua con la piragua a cuestas, vale la pena adquirir un carrito diseñado para esas situaciones. A la hora de cargarla a la baca del coche, entre dos no hay problema. Si lo debe hacer uno mismo, lo mejor es levantar el kayak de un extremo y ponérselo en la espalda, como un caparazón, para apoyar la punta en la baca y deslizarlo hacia delante, o bien poner una toalla en el alerón del coche, levantar el kayak de un extremo, apoyarlo en el coche, y levantar empujando del otro extremo para que se deslice sobre la baca.

No se tapa el agujero
En las piraguas autovaciables, en caso de entrada de agua por una ola, rápidamente se desagua por ahí, salvo que lo hayamos tapado…

Luces de emergencia
Si pescamos por la tarde no está de más llevar una luz homologada o al menos una linterna estanca y algunos luminosos grandes por si se nos hiciera tarde. En principio, la navegación nocturna de un objeto complemento de baño no está permitida por razones de seguridad.
En caso de vuelco el mejor salvavidas es el propio kayak (en autovaciables), pero el chaleco nos puede salvar la vida si caemos por un desmayo repentino

Dos mejor que uno
Pescar en compañía es lo más recomendable, por lo que pudiera pasar, ya que podemos obtener ayuda inmediata.

Vestimenta adecuada
Lo más recomendable es el uso de trajes isotérmicos transpirables que nos protejan del frío.

Decir dónde vamos
Indicar a familiares o amigos dónde vamos y la hora estimada de regreso.

Mejor comunicados
Obligado es el uso de algún medio de comunicación, quizá el teléfono móvil es el más práctico y extendido, eso sí, bien guardado en una bolsita de plástico con un poco de aire o corcho para evitar posibles salpicaduras y la inmersión.

Atención al tiempo
El pescador debe conocer perfectamente algunas nociones sobre climatología, debiendo planificar su salida del mar en distintas condiciones, pudiendo buscar espigones o pequeños puertos donde las condiciones de salida sean favorables. El viento y el mar pueden cambiar bruscamente, por lo que debemos prestar atención a las condiciones de viento más peligrosas de nuestra costa.

Zonas prohibidas
No se puede circular sin permiso por muchos de nuestros grandes puertos comerciales.

Cabos largos
Si nos anclamos, el cabo debe dejarse largo, más aún si realizamos un anclaje doble, ya que ante un cabo corto podría alguna ola desmesurada darnos algún susto, pasándonos por encima.

Tijeras, fórceps o alicatillos
Siempre debemos llevar a mano unas tijeras, mejor aún si son tipo fórceps y el sistema de corte permite incluso cortar anzuelos o ancoretas, por lo que pudiera pasar…

Protección total
Protégete del sol… y de los anzuelos. Es mejor pescar vestido, especialmente si practicamos spinning con señuelos pesados. También es recomendable el uso de las polarizadas.